Aprendizaje del Bebé

Aprendizaje del Bebé

Tu hijo, de espaldas en la cuna, hace unos ruiditos divertidos mientras intenta llevarse el sonajero a la boca. De pronto, sus pies capturan toda su atención. ¿Está solamente “dejando pasar el tiempo””? Nada de “eso: está aprendiendo todo sobre esta vida a la que recién llega. Es un verdadero autodidacta.
Muchos sólo asociamos la palabra aprender con la escolaridad: sumar, restar, leer, escribir. Pero no es tan así. Aprender es un proceso que empieza desde que nacemos y por el que vamos adquiriendo diferentes conocimientos que nos ofrece la vida. Y no es necesario sentarnos frente a un pizarrón.

 DE A POQUITO

El bebé empieza muy temprano a gozar de la estimulación no social, del juego sensorial. Luz, color, movimiento, sonido, ritmo, gusto, olor, contexturas y consistencias atraen su atención y le causan placer. Aparentemente, sólo lo impulsa la fascinación de ser capaz de hacer algo, por el hecho de hacer y nada más.
Pero, ¿qué puede aprender un bebé recién nacido si sólo le interesa dormir y comer? En primer lugar debe aprender a ejercitar los reflejos alimentarios – de succión – que le posibilitarán la supervivencia. Día a día estos pequeñitos se van perfeccionando.
Este ejercicio produce placer e incita a la repetición. Primero chupa cuando mamá y también lo hace en el vacío. Esta acción se va extendiendo a otros objetos. La succión de un dedito en principio se da por casualidad y luego será intencional. Esto lo logró aproximadamente en dos meses. Luego aprende a construir en su mente el mundo que lo rodea y a diferenciarse a través del conocimiento de sí mismo y de su propio cuerpo.
Para algunos bebés levantar la cabeza y apoyarse en los antebrazos demanda tres meses de arduo trabajo. Seguir un objeto con la cabeza (un sonajero, por ejemplo), cinco meses. Es importante saber que cada chico tiene su ritmo y su manera propia de crecer. Las áreas de desarrollo (vista, lenguaje, motricidad) están vinculadas entre sí y se van apoyando unas en otras. Las estructuras nerviosas van madurando paulatinamente y los reflejos dan lugar a acciones más o menos voluntarias, cada vez más complejas y variadas. Los progresos no se dan todos juntos.

 MUNDO DE JUGUETE

Cuando los chicos son pequeños, las experiencias de aprendizaje se ven facilitadas por el juego y la curiosidad: “‘a Pablito le interesan más las cacerolas de la alacena que sus propios juguetes”, “…a Martín le regalaron una locomotora hermosa, pero él prefirió primero jugar con la caja”.
Lo que ocurre es que todo es nuevo, desconocido, fascinante, atractivo. Abrir los cajones y encontrar cucharas, coladores, “leer” guías de teléfonos, sacudir las cortinas son algunos de los juegos favoritos de los más chiquitos.
Con toda esta batería de cosas aprenden a diferenciar los distintos pesos (un “tupper” es más liviano que la cacerola), a medir el tiempo que algo tarda en caer y el ruido que hace cuando impacta. Los bebés sentados en su sillita de comer arrojan cosas al piso una y otra vez. Es conveniente y hasta indicado “permitir”” esta clase de juegos, sin presuponer que en esta conducta hay malhumor o capricho por parte del chico.
El llevarse todo a la boca es una conducta característica de todos los bebés hasta los dos años aproximadamente. Los psicoanalistas han dado en llamar “etapa oral'” a este período. Por otra parte, es a partir de este espacio bucal desde donde el bebé explora los distintos objetos del medio: su sabor, si es duro, blando, si se puede romper. Créase o no. todas estas situaciones, son actos de inteligencia que el bebé efectuará en forma repetida y variará intencionalmente para estudiar los resultados de sus experiencias.
A los once meses todos los chicos iniciaron ya la exploración de las nuevas tierras. Todo lo que está en las alturas tiene una atracción muy especial y no hay obstáculos que impidan alcanzar sus intereses.

 MINI-ACADEMIAS

Entre el primer y tercer año, el acontecimiento más considerable es la adquisición del lenguaje. Como en todos los aprendizajes, no es algo que aparece de un día para el otro. Es un trabajo que comienza desde los primeros meses de vida. El bebé no tardará en comprender que puede haber una relación entre sus gritos y la presencia de los adultos. Por lo tanto, lo utilizará como señales a su entorno para que éste responda a sus pedidos.
Hacia el tercer o cuarto mes comienza el gorjeo y más tarde el balbuceo, hasta llegar a la primera palabra. ¿Han pensado cuánto tiempo nos llevaría a los adultos aprender un idioma, por ejemplo el inglés? Ni hablar del japonés.
En esta etapa también aparecen los “genios del dibujo”. Aunque parezca mentira, no siempre comienza con un lápiz y un papel. Desde el final del primer año de vida, a nuestros ‘”artistas”, les agrada realizar trazos con sus dedos o con cualquier objeto sobre distintos tipos de superficie.
Primero, se observan líneas rectas o curvas, luego trazos de vaivén (barrido), después figuras circulares. A partir de los dos años aproximadamente, los garabatos ya tienen un sentido, un significado.

 PREGUNTANDO SE APRENDE

¿Dónde?, ¿esto qué es?, ¿por qué?, ¿cómo?, son las famosas preguntas que deberá soportar cualquier adulto que comparta al menos unas horitas con algún benjamín de entre dos y siete años. Este tiroteo de preguntas (que muchas veces nos cansamos de contestar) es de gran utilidad. Las respuestas que van obteniendo (espontáneamente o desde los adultos) irán formando sus conceptos acerca de la realidad del mundo, de su identidad.
La conciencia del niño, tanto de su persona como del ambiente, se va incrementando a medida que él se diferencia más de su entorno, a medida que va distinguiendo los acontecimientos externos de los internos. Podemos encontrarnos con preguntas de todo tipo: ¿cómo puedo ver cosas en los sueños si no tengo los ojos abiertos?, ¿por qué rueda una pelota?, ¿dónde está el sol a la noche?, y tantos interrogantes que sólo los chicos a esta edad imaginan.
Las conversaciones son muy serias y profundas, se las debe tomar con mucho respeto. Nuestros “filósofos” presentan temas que van desde lo sentimental, la existencia de Dios, las enfermedades, la muerte y el cuerpo humano hasta la geografía y .¿por qué no?, los Reyes Magos.
Es absolutamente beneficioso para los chicos recibir toda la información que pidan. Los adultos no debemos evadir sus preguntas ni inventar respuestas, cosa que los confunde y no permite que nos tengan confianza. Esta etapa nos ofrece grandes científicos en la playa-laboratorio analizando hojas, insectos, pájaros. También aparecen investigadores desarmando camiones y doctores operando a osos y muñecas. Este es un momento evolutivo en que los chicos confunden fantasía y realidad. Van acercándose a esta última hacia el período escolar primario.
Lo importante es comprender que el aprendizaje en sí, no lo es todo: el ingrediente que investirá de verdadero carácter de ser humano al bebé, es la afectividad. Este factor es tan importante que, aun en chicos sanos, la carencia afectiva dificulta cualquier proceso de aprendizaje. No hay aprendizaje posible sin amor. •

Lic. Cynthia Trilnick. psicopedagoga Foto: Urko Suaya

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