Mi hijo muerde

Mi hijo muerde

¿Qué pasa con los chicos que necesitan dejar la marca de sus dientecitos? “A mi hijo, últimamente, se le dio por morder. No sé por qué”…

Un niño que nunca pareció tener problemas con los demás, de pronto, casi de un día para el otro, reacciona a las dentelladas ante otros niños e incluso ante los adultos.

¿Por qué muerde un chico?

El bebé es originalmente egocéntrico, no se ama más que así mismo y siente animosidad por lo que lo rodea. Todo niño es egoísta y quisiera para él solo todo el amor y la atención. Por eso siente hostilidad ante el crecimiento de la familia: cree amenazados sus derechos de propietario. Sin embargo, en muchos bebés la resistencia y la hostilidad en sus relaciones con otras personas recién comienzan a notarse hacia los dieciocho meses de edad. Sus manifestaciones evidentes disminuyen más o menos hacia los cuatro años.

El niño reacciona cruda y primitivamente, es instintivo y sus reacciones no están aún moldeadas por las influencias culturales. El conflicto con el mundo externo origina en él una ansiedad que despierta otras ansiedades internas.

Las primeras etapas del desarrollo del bebé están dominadas por el factor central de la agresión, que es originada primero en la frustración de las necesidades orales. Surgen así las fantasías de devorar o ” fantasías canibalísticas“. Esto explica la agresión y la crueldad desarrolladas en los niños más pequeños, plasmadas en las fantasías infantiles de morder y despedazar. El sentido de la realidad está todavía inmaduro y no se ha completado el desarrollo de controles del “yo” para moderar el rápido aumento de las tensiones emocionales.

Las primeras situaciones de ansiedad, que comienzan con las frustraciones orales, intensifican las necesidades y despiertan enojos que se fusionan en el llamado “sadismo oral“. En esta fase canibalística, los niños equiparan sus objetos de amor o de odio con cualquier tipo de comida.

La frustración crónica – o cualquier situación que le genere mucha ansiedad que no pueda resolver – lo hace retroceder a la succión oral que se convierte en una iracunda necesidad de devorar. La ansiedad sentida de este modo voraz, absorbente y destructivo se transforma en un anhelo de incorporar y poseer cabalmente la totalidad del objeto de amor. Cuando el niño se enfrenta a frustraciones en su desarrollo, surge un estado en el que la incorporación oral se convierte en el impulso a “devorar sádicamente“.

Solo el amor

Sucede a veces que durante la primera etapa oral del bebé, la madre no pueda satisfacer las necesidades de su hijo completamente, ya sea debido a que está perturbada por su relación con el padre o a la llegada de algún nuevo miembro a la familia. El bebé requiere no sólo ternura y contacto corporal apropiado y suficiente, sino más interés, comprensión y apoyo alentador para su autoexpresión, pruebas de ser valorado y querido por sí mismo.

Es entonces es esencial que el niño sea ayudado a desarrollar una individualidad propia que le dé confianza en sí mismo y lo haga capaz de entablar relaciones con otras personas sin que peligre su propia identidad. Todo lo que obstaculice esta evolución lo hará retroceder a su dependencia original de los padres y la incorporación oral dominará sus relaciones inconscientes en todas las relaciones personales. En otras palabras, resolverá sus conflictos a los mordiscones.

¿Has pasado por esta situación? ¿Tu hijo muerde?

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