Las rabietas

Las rabietas

Tu hijo se pone fastidioso, llora sin consuelo, grita, se tira al piso, patalea, tira piñas, corre, dice que no. Vos no sabés qué hacer…
No entendés de qué se trata ni qué pasó. Hacés intentos de calmarlo, de callarlo y se pone peor.Tu hijo tiene una rabieta, algo bastante común a la edad de los 3 años.

Las rabietas son situaciones incómodas, embarazosas, de difícil manejo y agotadoras. La intensidad y frecuencia de las mismas dependen de la personalidad y temperamento de tu hijo. Siempre tienen un disparador y un sentido y aunque te sea imposible encontrarlo, está.

¿Porqué tiene rabietas?

Las rabietas ocurren cuando tu hijo no pudo tolerar la frustración que le generó cierta situación. Por ejemplo, si tu hijo intenta hacer algo que está más allá de sus posibilidades y no lo logra, probablemente le sobrevenga una rabieta. Las explosiones emocionales son expresión de su frustración. Una apreciación general dice que “una rabieta es una forma de descarga de las tensiones y una modalidad de expresión emocional”.

De ser así habría que evaluar en tu hijo si la rabieta es esporádica y se relaciona con una situación puntual (como cuando está cansado o tiene hambre) o si tiene que ver con alguna situación fuera de lo común, (por ejemplo que alguien querido se está yendo de la casa) para entenderlo y saber cómo actuar al respecto.

¿Cómo calmarlo?

  • Primero calmate vos y empatizá con lo que a él le pasa.
  • Hablá con vos suave y calmada, segura de lo que estás diciendo.
  • Si te puede escuchar decile que lo entendés y explicale lo que vos pensás que le está pasando.
  • Con algunos chicos funciona abrazarlos fuerte mientras se les dice lo que uno piensa que motivó la rabieta. Otro método aconsejado es sentarlo sobre tu falda sosteniéndole con firmeza los hombros, mirándolo a los ojos y diciéndole con voz calma pero firme que ya basta.
  • Muchos niños se asustan de sus rabietas. Si este es el caso de tu hijo, necesitará que lo tranquilices. Animalo a hacer las cosas que sabés que puede hacer y que disfrute con sus logros, avanzando en retos cada vez mayores para que desarrolle mayor confianza en sí mismo.

Ahora, si las rabietas son manifestaciones habituales en tu hijo, evidentemente se deben a otra causa. Puede ser una de las formas que él tiene para llamar tu atención y pedirte contención. Por lo general lo logra, pero a un precio muy alto ya que queda agotado y muy angustiado por el descontrol que significa semejante escena. Y vos tampoco salís bien parada, quedás llena de impotencia y rabia.

Algunos consejos:

  • No es aconsejable pegarle. En ocasiones suele detener la rabieta pero deja marcas indelebles de frustración, impotencia, bronca, vergüenza, indignación. También puede pasar que no se detenga y que arme estas escenas para que le peguen. Se vuelve díscolo porque le gusta que lo reten como una forma particular de recibir afecto.
  • No es bueno dejarlo solo con tanta angustia y furia desatada. Si se armó una grande, tu hijo se va a asustar de lo que está haciendo y del descontrol por el que está pasando. En estos momentos necesita que estés calmada, firme y segura.
  • Si no encontrás una salida, consultá con un profesional que te oriente en la búsqueda de una solución.

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