¿Tu bebé utiliza inodoro o pelela?

¿Tu bebé utiliza inodoro o pelela?

Tu hijo ya le dijo adiós a los pañales y aprendió a pedir a tiempo. Ahora se inicia una nueva aventura: la de “hacer como los grandes“. Algunos chicos quieren usar el inodoro, como papá y mamá. Otros se mantienen fieles a la pelela.

El pequeño ha comenzado a pedir y mamá salta de alegría. Pero no pasará mucho tiempo hasta que caiga en la cuenta de que las pelelas e inodoros traen consigo nuevas complicaciones.

Primero fue la pelela

En el momento de iniciar el aprendizaje del control esfinteriano, es conveniente elegir una pelela que reúna ciertas condiciones: cómoda, fácil de higienizar y que le permita apoyar los dos pies en el suelo. Así se sentirá seguro y se adaptará con mayor rapidez.

Excepto durante las noches más frías, nunca coloques la pelela en el dormitorio o en la cocina. Siempre se debe usar en el baño: tu hijo aprenderá desde el principio que cada cosa tiene su lugar y se acostumbrará a hacer sus necesidades donde corresponde.

Pero una vez que se ha acostumbrado a la pelela, el pasaje al inodoro no siempre resulta sencillo. Si bien algunos se muestran ansiosos por “hacer como los grandes”, otros manifiestan verdadero temor y se resisten con vehemencia cuando intentamos sentarlos en este artefacto.

Señor Inodoro

Y tiene sus razones. Los sanitarios no están hechos para ellos. Si el chico orina de pie, su estatura no le permite alcanzarlo. Si está sentado, sus pies no alcanzan el suelo: le falta el apoyo y puede sentirse inseguro y con temor a caerse dentro de lo que para él es un inmenso agujero.

En estos casos un adaptador para inodoro puede ser la solución. En sus diferentes formas – una simple tabla más pequeña o más sofisticada – le brindan al niño la seguridad que necesita para adaptarse al cambio.

Es frecuente que los niños quieran ensayar diferentes formas de orinar y que los padres se inquieten. No hay inconveniente que al comienzo los varones quieren orinar sentados. Más adelante, la imitación los llevará a adoptar la posición masculina.

Otra fuente de temor ante el inodoro es la brusca descarga de agua entre la que desaparecen sus deposiciones. Para el chico, la caca y el pis son partes de él mismo que se desprenden. Le interesa saber cómo y de dónde salen y adónde van.

Más aún, su expulsión le produce placer. Para él no son algo desagradable, sino querido, y no es asombroso que lo encontremos jugando con su materia fecal. El valor que él le atribuye incrementa todavía más por la atención que mamá y papá ponen en ellos: toda la familia está pendiente de si el nene hizo o no hizo, si pidió o no.

Entonces no le resulta fácil comprender qué ocurre cuando su preciada materia es tirada con cara de asco y desaparece en medio de un ruido fenomenal. Ante esta situación, lo más conveniente es explicarle al niño con claridad qué ocurre con sus excrementos y cuál es el mecanismo (“ahora vamos a apretar el botón y va a haber un ruido fuerte, no te asustes, es agua”). Las explicaciones naturales y sin exageraciones disminuirán su ansiedad.

Fuera de casa

Todo va bien cuando estamos en casa, pero el problema suele presentarse cuando salen.Todo padre cuyos hijos hayan atravesado esta etapa, tendrá montones de anécdotas para relatar. Es que el aprendizaje del control de esfínteres (sobre todo el uretral) es un proceso lento. Primero, el niño deberá aprender que se está mojando; luego, a reconocer que se está por mojar. Sólo más tarde podrá acostumbrarse a retener para llegar al baño. Todo esto lleva su tiempo, y los accidentes son frecuentes.

Si el niño está concentrado en sus juegos suele olvidarse de sus sensaciones físicas y por eso “se le escapa”. Recién cuando logra retener su orina por períodos prolongados estará listo para empezar a arreglarse solito.

El jardín de infantes es un ámbito propicio para ellos: los sanitarios son adecuados a su tamaño y están pensados para que no encuentre mayores dificultades. En general, la maestra los lleva al baño los primeros días, para que reconozcan el ambiente y aprendan el camino. Si existe alguna resistencia en el niño, se disipará al ver a sus compañeritos.

Yo puedo solo

Tarde o temprano llega el momento en el cuál el niño expresa muy decidido: “quiero ir al baño solo“. Mamá teme que no pueda manejarse e intenta acompañarlo. El berrinche se avecina. Este deseo del niño – como todo signo de crecimiento- debe ser respetado, pero con ciertas condiciones. Podrá ir al baño solo en casa, pero deberá aceptar ayuda de mamá en unbaño público y en todo lugar donde las condiciones sanitarias lo requieran.

Mamá deberá tener paciencia y soportar las montañas de papel higiénico, hasta que el peque aprenda a utilizar la cantidad justa. Deberá también tratar de colaborar en esta aventura, poníendole ropa cómoda y fácil de quitar. Nada de botones imposibles de desabrochar. Con los varoncitos, mucho cuidado con los cierres: se pueden evitar los accidentes con pantaloncitos con elástico.

Tiempo al tiempo

Es importante recordar, que el aprendizaje del control de esfínteres requiere de cierta maduración previa al sistema nervioso, que sólo alcanza alrededor de los dos años. Este aprendizaje, como cualquier otro, debe basarse en la maduración del niño y no en las necesidades paternas.

Cualquier intento por inculcarle estos hábitos antes de tiempo será contraproducente. Un chico sólo puede adquirirlos a partir del momento en que tiene un lenguaje mínimo que le permita comunicar sus necesidades, manejar objetos con soltura y ser capaz de subir y bajar solo por una escalera. Recién entonces él mismo experimentará el placer en controlar sus necesidades y hacer lo mismo que los adultos: ir al baño solo.

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