Bebés con Síndrome de Down, la importancia del amamantamiento

Bebés con Síndrome de Down, la importancia del amamantamiento

En los bebés con síndrome de Down, las diferencias evolutivas son notables si son amamantados ¿En qué radica la evolución?

 Es destacable en los bebés con Síndrome de Down la formación del paladar a partir del esfuerzo que realizan al mamar. La lengua que cuelga y el babeo, característico en ellos, se modifica. También su piel luce normal, a diferencia de la descripta para estos casos como áspera.

Aceptación
Podríamos mencionar interminables testimonios de padres a los que les cuesta aceptar la diferencia en su bebé. Dicho “rechazo” les quita el espacio y estímulo para que el niño desarrolle su potencial.

Nuestra cultura “nos transmitió”  que el éxito es para hombres “inteligentes” y, si tienen ojos celestes; mejor. Entonces, ¿el bebé que nace con una alteración genética no tiene un espacio en este mundo? Es común oír el relato de madres de un hijo con alteraciones genéticas, que suelen quedar solas en la sala de partos, por el miedo que provoca en quienes la rodean. Estas actitudes generan en los padres mayor confusión y fomentan “su propio rechazo”.

Papás diferentes
La pareja necesita apoyo que les ayude a reflexionar que un niño diferente los hace “padres diferentes”.

Un pensamiento que predomina giran en torno a “la injusticia que les ha tocado”. Los sentimientos de frustración están causados por la herida al propio ego y el temor a lo desconocido.

Los padres tienen un largo camino por recorrer, con posibilidades y promesas, a veces inalcanzables. Y, cuesta mucho la aceptación de un bebé diferente que plantea una vida diferente.

La mejor estimulación
Habiendo tenido una beba con síndrome de Down, puedo decir que el punto de partida más importante es lograr el amamantamiento como inductor del vínculo porque plantea una relación de estimulación permanente a través del contacto físico, la voz, la mirada y el olor.

Los chicos con síndrome de Down suelen presentar durante las primeras semanas de vida ciertas características. Por ejemplo, no lloran, son poco reactivos a los estímulos, tienen hipotonía y falta de expresividad.

Con el tiempo, me pregunté si estas características no tenían que ver con el rechazo más que con la realidad, ya que el bebé amamantado, acunado y acariciado desde el comienzo, logra una expresividad normal.

Propongo la lactancia como estimulador, ya que la hipotonía de la lengua es modificada, si se da de mamar con mucha frecuencia. La falta de prensión en sus manos es modificable cuando durante la mamada se presiona con el dedo índice la palma de su mano, respondiendo el bebé inmediatamente con el reflejo de prehensión.

Durante el amamantamiento la mamá acaricia el cuerpecito de su hijo, de la cabeza a los pies, hablándole simultáneamente. Se da cuenta que comienza a fijar la mirada en ella y mueve su cuerpo al compás de su voz.

Generalmente, tienden a fijar la mirada en un punto, a veces, de un lado más que de otro. Hasta para este problema encontré la solución a través del amamantamiento, proponiéndole a la mamá darle más tiempo del lado que parece ignorar. Al poco tiempo, se va modificando y se iguala la dirección de la mirada.

La importancia del estímulo
Con la lactancia parecen incoherentes los planteos de la estimulación precoz, donde al bebé se lo sienta mostrándole campanitas de colores. Creo que el amamantamiento como medio de estimulación es superior a cualquier.

Recuerdo el comentario de una estimuladora, al mostrarle las campanitas sonoras a mi beba: “Qué curioso que no sigue los objetos, qué problema.” Yo le respondí que mi beba seguía los rostros y no los objetos. Así, me di cuenta que la “crianza en especie” era la mejor estimulación.

El buen desarrollo de los niños con síndrome de Down, cuando son amamantados, es consecuencia de la educación con amor.

 

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