¿La leche materna es suficiente?

¿La leche materna es suficiente?

Lo vemos crecer tan rápido durante el primer año, que muchas veces nos preguntamos si le alcanzará con la mamadera y el purecito. Y la duda se instala: ¿No necesitará vitaminas?

Durante los primeros días, la leche de mamá es todo lo que un bebé necesita para crecer sano y feliz. Pero, alrededor del primer mes, es aconsejable que los lactantes de leche materna reciban suplementos de vitamina C y D. Los que se alimentan con las llamadas “leches humanizadas” no: las vitaminas ya están adicionadas en estos productos. Por último, los bebés que reciben “leche de vaca” deben tomar hierro y vitamina C adicionales.
Al segundo mes todos los bebés sufren lo que se llama “anemia fisiológica”. No te asustes, es completamente normal. Se le debe suministrar más hierro. A partir del tercer mes, y durante todo el primer año de vida, debemos suministrarles dos gotitas de flúor por día.

El dilema del plato

Algunos pediatras sostienen que desde el momento en que el bebé puede mantener la cabeza erguida (alrededor del tercer mes), deben comen¬zar a probar progresivamente y en muy pequeñas cantidades distintos sabores y texturas antes de tomar la leche. Se le puede dar – en este orden – jugos en cucharita, puré naranja (zapallo y zanahoria), manzana o banana muy madura.
Hay que estar atentas: debemos ofrecer, no presionar. El hábito del almuerzo se debe ir incorporando de a poco. Al principio no es importante la hora: debe ser la más conveniente para la mamá. Hacia el quinto mes, más o menos, se le puede agregar a la dieta caldo y huevo duro.
En el sexto mes, se pueden incorporar frutas de estación y jamón cocido: Para esta época debemos haber logrado una buena y variada oferta de comidas: cuando el bebé cumple el año debe integrarse casi por completo a la comida de la casa (siempre que ésta sea sana y rica en vitaminas).
Están prohibidos el alcohol – por supuesto hasta la edad adulta-, el café, el chocolate, los embutidos y las frutas secas hasta por lo menos dos años. Después deben ser suministrados en forma medida.
Cuando pasa el segundo año de vida el bebé no necesita complementos vitamínicos, salvo en ocasiones especiales contempladas por su pediatra.
Es recomendable que al principio le des a tu bebé la comida en estado puro, para que deguste los diferentes sabores y texturas por separado. Así, tu hijo irá apreciando los diferentes alimentos. Te aseguramos que, de esa manera, el día de mañana tus chicos van a comer de todo y van a estar bien nutridos. Y van a ir incorporando todas las vitaminas necesarias.

¿Que son las vitaminas?

En 1912 el científico Casimir Funk comprobó que ciertas sustancias, en dosis ínfimas, eran necesarias para el funcionamiento del metabolismo. Las bautizó vitaminas. También observó que su carencia acarreaba perturbaciones en el crecimiento y en la renovación celular.
Lo cierto es que las vitaminas desempeñan un papel importante en el mantenimiento de la salud y en el tratamiento específico de diversas enfermedades. Son compuestos orgánicos biológicamente activos, esenciales para la salud, reguladores del crecimiento y del desarrollo. El organismo no puede sintetizarlas: se obtienen de fuentes externas, principalmente de la alimentación. Es importante destacar que no son fuentes de calorías y que actúan frecuentemente como enzimas o cofactores en reacciones metabólicas. No son intercambiables: estas obreras laboriosas tienen una función especial cada una.

La clave: Alimentación balanceada

La ausencia prolongada de una de estas vitaminas provoca un cuadro que se denomina avitaminosis. A veces su carencia provoca enfermedades ligadas a la desnutrición y a la mala nutrición. Y esto es fundamental: no es tan importante la cantidad como sí la calidad (o tipo) de comida que le demos a nuestros bebés. La única garantía de que nuestros hijos tienen las concentraciones normales de vitaminas en el organismo es una dieta adecuada.
La alimentación, sobre todo en los bebés que comienzan con las comidas sólidas, debe ser muy variada en vegetales frescos, retándolos tantas veces sea posible. ¿Te contamos un secretito que tiene una regla fácil de recordar? Varía constantemente texturas y colores: si un día le damos verde (espinaca) y rojo (carne de vaca, textura sólida), al otro día le damos naranja (zanahorias) y blanco (pollo).
¡Cuidado con las carnes! Variemos los tipos de carnes (pollo, pescado, rojas, cerdo) por lo menos cada tres días e incluyamos en la dieta también cereales y lácteos. Todos estos alimentos son muy sabrosos y además poseen TODAS las vitaminas necesarias.

Clasificación

. Las vitaminas LIPOSOLUBLES (solubles en grasas) son más estables y resisten mejor la cocción de los alimentos. Son las A, D, E, K. Las vitaminas HIDROSOLUBLES (solubles en agua) son las B y C.

Alimentos versus pastillas

Muchas madres piensan que si su hijo no come variado no tiene importancia porque total después le hace tomar algún complejo vitamínico en pastillas para cubrir sus necesidades. Pero nunca es lo mismo que una buena alimentación.
Obviamente, si el chico está bien alimentado con comidas naturales, no serán necesarias las vitaminas sintéticas. De todas formas pueden funcionar como suplemento de una dieta deficitaria o en situaciones especiales de grandes consumos (deportistas de alto rendimiento, convalecencia, grandes esfuerzos intelectuales). Y este no es el caso de los bebés sino el de los chicos más grandes. Y sólo se pueden tomar en las cantidades indicadas por un profesional.
Es conveniente aumentar la dosis de vitamina C antes de comenzar el invierno, para reforzar las defensas: más vale prevenir que curar. Por eso, en abril o mayo es beneficioso darle a nuestros niños una “dosis extra” de kiwis, naranjas o cítricos, riquísimos en vitamina C: nada mejor para prevenir resfríos, gripes y anginas. No les des jugos envasados o sintéticos, pues no contienen vitamina C. Lo mejor son los jugos recién exprimidos, ya que las frutas pierden sus vitaminas al tiempo de exprimidas.

Las fuentes de las vitaminas

Vitamina A:  Hígado, yema de huevo, zanahoria, verduras de hoja, espárragos, melón, damasco, naranja, vegetales con color, frutas secas.

Vitamina B: Hígado, cerdo, riñón, carnes en general, sangre de vaca, pescado, ostras, lácteos, cereales, legumbres, yema de huevo, vegetales de hoja verde, dátiles, higo, fruta seca, champignones.

Vitamina C: Frutas frescas (grosellas, cítricos, frambuesa, kiwi), repollos, brócoli, ají, perejil, papa.

Vitamina D: Aceite y carne de pescado, leche, huevo. El sol fija las provitaminas contenidas en la piel.

Vitamina E: Verduras de hoja, germen de trigo, fruta seca, cereales, aceite de hígado de bacalao.

Vitamina F: Aceites vegetales (germen de trigo, girasol, soja, maní, maíz), aceite de pescado, frutas secas, palta.

Vitamina K: Yogur, legumbres verdes, alfalfa, aceite de soja y de hígado de pescado.

 

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