La simbiosis mamá y bebé… ¿Y el papá?

La simbiosis mamá y bebé… ¿Y el papá?

Tu relación con el bebé lleva nueve meses de ventaja respecto de la del papá. Pero, ¿qué hay de él? ¿Cómo ingresa a este mundo creado entre ti y el bebé?

Nacido el bebé, el vínculo continúa. Y, aunque esta relación es la más importante del mundo para ambos, ¡papá también tiene un espacio! Pero, ¿cómo lograr que se integre a esta relación de amor que parece tan exclusiva de la mamá y el bebé?

¡Qué difícil es relacionarse!
Cuando nace el bebé, toda mamá experimenta un “enamoramiento” con su hijo que hace que se perciban como lo más importante el uno para el otro. Ambos -padre y madre- han pensado juntos el nombre para su hijo, imaginan y proyectan en él todas sus expectativas, dándole así un lugar en la constelación familiar. Pero, a pesar de esto, al papá le cuesta encontrar su lugar en esta nueva relación. Recién, con el paso del tiempo, irá descubriéndola.

De ahí la importancia de la mamá como “mediadora” de esta relación. Una mamá que vaya creando en el bebé intereses que lo estimulen con el fin de que registre la presencia del papá, que vaya internalizando todo lo que él le aporta desde su experiencia de vida. Acaso, ¿no estuvo presente desde el mismo momento que se enteró sería papá?

Desde la panza de mamá…
El bebé escuchaba las voces de sus papis. Al percibir la voz grave del papá, al nacer, se quedaría huérfano de aquél sonido familiar si sólo es mamá quién le habla. Por esto, es tan necesario que ambos continúen hablándole, cantándole y brindándole todo ese afecto que el hijo necesita.

Nuevos roles
Durante los primeros meses la función del papá, por sobre todas las cosas, es la de “sostén” ayudando a la mamá a estar tranquila, descansada y confiada para que pueda brindarle todo de sí a su hijo.

Si bien estos nuevos roles, “papá” y “mamá”, son desconocidos para ambos, la cultura se ha ocupado de educar más a la mamá para aprender a desempeñarlo. Y del papá poco se ha dicho….

Por esta razón es la mamá quien decodifica tempranamente el llanto del bebé -con sus distintos sentidos: hambre, sueño, frío, etc.- y otras expresiones de necesidades. Pero estas decodificaciones ¡también las aprende el papá!…

Así él irá conociendo a su hijo y puede colaborar en los momentos del baño, de la alimentación, del sueño; y, es entre ellos que también se entabla una comunicación maravillosa. Distinta a la que tiene la mamá, es una relación especial entre el papá y su bebé.

Mientras tanto…
Aparecerán sonrisitas, gorgoritos, muecas que al principio serán indiscriminadas, y que pueden desilusionar a los papás al comprobar que no solamente van dirigidas a ellos sino que el bebé se las dedica a infinitas personas (tíos, abuelos, vecinos, etc.).
¡Adelante Papás! ¡No se desanimen! Este aprendizaje de tenerlo en brazos, de compartir sus sonrisas, de aprender a quererse, es la base para que ustedes estén “en la escena”… ¡Los papás no naces sabiendo, se hacen en el “siendo”!

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