Las primeras experiencias vinculares

Las primeras experiencias vinculares

El  vínculo encierra la historia de una persona en relación con los demás ¿Cuándo se inicia? ¿En qué reside su importancia?

Todo ser humano conlleva una sucesión de experiencias vividas intensamente desde la concepción. Primero el vínculo será mamá-bebé, luego mamá-bebé-papá y demás miembros de la familia. Y así se suman improntas vinculares que se suceden a lo largo de toda la vida.

La gestación e infancia dejan huellas que se proyectarán en la vida de cada ser con singular fuerza.

 Desde el vientre

Hablar de vínculo desde el nacimiento, sería negar  las riquísimas experiencias de la mamá y el hijo durante la gestación.

Al nacer, el hijo conoce a su mamá porque estuvo en su interior. Reconoce su olor, sus ruidos, sus latidos, su calor.

En el vientre, el bebé se alimentaba a través del cordón umbilical, en el momento preciso y con la justa medida. Esto mismo sucede con la lactancia. El pezón es el cordón umbilical externo. A través del pecho la mamá responde de la misma manera. Ella registra con facilidad, por eso sabe qué necesita su bebé.

Al hablar de relación vincular a partir de la lactancia, no se trata de establecer comparaciones, menos aún de crear culpas en mamás que por diversas razones no amamantan a sus bebés. Se trata, en cambio, de referirnos a las características positivas que conlleva el amamantamiento.

 La leche materna

Imposible no maravillarse ante los beneficios que aportan al niño. Por ejemplo, la primera leche (calostro) es como “oro líquido”, porque aporta defensas contra todas las enfermedades infecto-contagiosas, y es cierto. La leche materna tiene virtudes inmunológicas.

Pero hay otros componentes que van más allá de la composición de la leche que llenan las necesidades mutuas de alimento afectivo y comunicacional.

Propongo la lactancia como una inmunología desde el punto de vista emocional, precisamente por la importancia de ese vínculo que se crea “desde el vamos”. ¿Por qué no pensar en que dar de mamar es inmunizar al niño contra enfermedades emocionales que tiene el ser humano cuando no ha tenido un reaseguro afectivo desde el principio?

 La lactancia es un toma y da

El bebé recibe mucho, ¡pero la mamá también! Ella ve reconfirmada su capacidad de continuar dando vida a través del alimento que produce su cuerpo.

La relación amorosa que se da con el amamantamiento es muy gratificante para ambos. El bebé estimula a su mamá, despertando en ella sentimientos insospechados y otro tanto ocurre con la estimulación sensorial, afectiva y psicomotriz que la madre provee al niño cuando lo amamanta.

Por otra parte, la experiencia amorosa implícita es tan gratificante que la madre modifica, sin mayor esfuerzo su tiempo personal, para dar lugar a las necesidades del hijo, porque ella se siente satisfecha al poder satisfacerlo.

De ahí la importancia de incorporar el concepto de que la crianza significa “no relojes”. La lactancia es a libre demanda: el bebé pide y la mamá da.

El primer año de vida

En este periodo, el bebé tiene una necesidad intensa de estar con su madre, que es tan esencial como su necesidad de alimento. Y, hasta que el bebé evidencie signos de necesitar otros alimentos, la única comida necesaria es la leche materna.

Poco a poco esa “dependencia” de la mamá se irá convirtiendo en una independencia que, en el caso de los bebés amamantados, es cada vez más fuerte. Incluso luego son chicos que se conectan mejor con los demás porque han sido educados en el amor.

Prevención

Si la mujer consulta a un especialista desde el embarazo, recibirá la ayuda necesaria para cuando llegue el momento, y podrá amamantar exitosamente.

Dar a un chico lo que necesita no es malcriar; es llenar sus necesidades y carencias.

Lic. Marta Maglio de Martín

www.fundalam.com

Copyright Siendo Madre

- Siendomadre

Deja un comentario