Dieta balanceada, Embarazo saludable

Dieta balanceada, Embarazo saludable

Las mujeres vivimos preocupadas y angustiadas por controlar nuestro peso, nos matamos de hambre y terminamos arrastrándonos sin energía. Y cuando algún astuto nos recomienda tomar vitaminas, lo miramos suspicaces de costado y respondemos en un grito de terror: “¡No! Eso me va a hacer engordar Yo: ¡Flaca hasta la muerte!” No podemos sub alimentarnos a tal punto. Para mantener la vitalidad y un óptimo estado de salud, nuestro organismo precisa vitaminas y minerales. Y los famosos frasquitos de “energía en pastillas” que tanto temor despiertan a las fans de la flacura son un excelente complemento puesto que nadie puede asegurar -sin margen de error- el valor nutritivo de cada bocado que ingerimos.

Todos creemos que es fácil elaborar una dieta balanceada. “Basta con agarrar el cuadrito que aparece en el calendario que me dieron en la farmacia”, pensarán algunos. Pero no es tan así. Se pueden calcular las calorías, pero es imposible hacer lo mismo con vitaminas y minerales. Y esto sucede incluso con las mejores dietas naturistas. Por esta razón los suplementos se han vuelto tan populares.

Las vitaminas son compuestos químicos muy complejos que, aún cuando no tienen valor calórico, son esenciales para que nuestro cuerpo tenga la energía necesaria para que desarrollemos nuestras actividades. Estas no pueden ser sintetizadas por nuestro organismo, así es que tenemos que ingerirlas. Hay dos variantes de vitaminas: las solubles en agua —B y C— y las que sólo se disuelven en grasa —A,D y E—. Estas son las más comunes y en el cuadro se resumen sus características, sus funciones y las partes del cuerpo que más se benefician con su acción.

¿Qué significa que sean solubles en agua o en grasa? Nuestro organismo sólo logra absorberlas en la medida en que hayan sido ingeridas con agua o con una sustancia grasa, como el aceite.

 Minerales

La mayor parte de las células de nuestro cuerpo están constituidas por minerales, sobre todo las de los huesos; dientes; uñas; algunos músculos; células nerviosas; enzimas; hormonas y la sangre.

Al igual que con las vitaminas, los minerales existen en dos variantes: Los elementos traza, u oligoelementos, son el cobre, el zinc, iodo y celenio; y los macronutrientes —calcio, magnesio, hierro, fósforo y potasio— que deben ser ingeridos en grandes cantidades.

El segundo cuadro explica dónde encontrarlos y cuáles son sus propiedades y beneficios.

Un embarazo saludable

Aún cuando suene exagerado, la falta de un nutriente puede ser un factor de riesgo para determinados estilos de vida. Una dieta bien balanceada debe adecuarse al tipo de actividades que realizamos y a la etapa de la vida por la que estamos pasando. Una mujer embarazada, no sólo tiene que alimentarse a sí misma, debe tener en cuenta las necesidades del hijo que lleva dentro suyo. Proteínas, calcio y hierro son componentes indispensables para la formación de huesos, sangre y otros tejidos del bebé, por otra parte, el hierro servirá para prevenir la anemia de ambos, una afección común en la preñez. También precisa vitamina D para asegurar la absorción de calcio y fósforo; vitaminas K y C para fortalecer vasos sanguíneos y combatir sustancias capaces de causar algún mal. La vitamina E es útil para prevenir posibles abortos e intoxicaciones violentas; mientras que el complejo B, junto con proteínas, calcio y magnesio, ayuda a normalizar los bajones y euforias emocionales que persiguen a buena parte de las embarazadas.

¿Ya están mareadas? Hay más. El ácido fólico, parte del complejo B, también es esencial tanto para la madre como para el hijo. Interviene en los procesos de crecimiento y reproducción. Su deficiencia podría ser la causa de serios defectos al nacer.

 Vitaminas y amamantamiento

La leche materna es uno de los alimentos más perfectos que se conocen. A través de ella una madre puede pasarle a su hijo todas las vitaminas y minerales que el bebé precisa para crecer. Y ésta es una razón más que importante para que ella se ajuste a una dieta que contemple sus necesidades y las del niño. ¿Qué debe incluir? Calcio y hierro, para fortalecer los huesos y la piel. Vitamina D, para absorber el calcio. Y magnesio, para aumentar la efectividad del calcio.

Una dieta pobre en nutrientes puede provocar una reducción en la cantidad y la calidad de la leche. Por otra parte, son ustedes, las madres, las primeras en hacer uso de aquello que ingieren. Necesitan una dosis extra para poder pasarles algo a sus bebés. Esa es la única fuente de alimentación que tienen en los primeros meses de vida. Además, se ha comprobado, mediante diversos estudios, que la calidad de la nutrición temprana afecta la inteligencia y el desarrollo físico de los niños.

Fanáticas de la delgadez: ¡Abstenerse! Este no es el momento de agobiarse con dietas hipocalóricas. De lo que ustedes coman depende la salud de sus hijos.

 

- Siendomadre

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