Embarazo a los 40

Embarazo a los 40

Hace unas décadas esto no pasaba. Hoy, en cambio, muchas mujeres estrenan el rol de madres primerizas despuntan do los treinta o los cuarenta. Antes, en los tiempos del tranvía y la siesta, eran señoras de rodete que se preparaban para ser abuelas.

Cada vez son más las mujeres que, dedicadas a su profesión, retrasan su maternidad y también el matrimonio. En todo el mundo los partos de mujeres de más de cuarenta son absolutamente normales.

Sin embargo, a muchas mujeres deseosas de ser madres a esta edad las sobrevuelan ciertos temores que tienen que ver con los riesgos físicos propios y la salud o normalidad de su bebé. ¿Qué hay de cierto en todo esto? ¿Es necesario preocuparse?

Cambia todo cambia
Hace un tiempo, lo esperado para cualquier mujer era que se casara – muy joven, por supuesto – y se embarazara inmediatamente. La grandeza de un matrimonio quedaba demostrada con una rápida concepción que aseguraba una vida sexual normal además de fecundidad.

Estos mitos, por supuesto, han quedado abolidos. El promedio de edad de las pacientes de clase media de la mayoría de los obstetras ha aumentado considerablemente en los últimos diez años.

El doctor Horacio de la Torre, ginecólogo y obstetra, dice que en estos días la anticoncepción es un motivo de consulta permanente ya que la gran mayoría busca retrasar la maternidad. “Esta decisión tiene que ver con que la pareja prefiere afianzarse económicamente y sobre todo conocer sus potencialidades”, comenta de La Torre.
La vorágine de trabajo y la profesión también es un factor que influye: en algunos casos porque la mujer decide dedicarse de lleno a ellos y en otros porque el estrés que provocan interfiere en la concepción. “Es muy común encontrar mujeres estudiadas durante un buen tiempo que no tienen causas aparentes de infertilidad y que, de repente, luego de varios intentos, en un período de descanso se embarazan”, dice el doctor de La Torre.

A estos tres casos se puede sumar un último, y es cuando hay verdaderos problemas de fertilidad. Las mujeres entonces se someten a tratamientos que llevan años y se sorprenden siendo mamas con más de treinta o cuarenta años.

Tranquilidad para los temores
Es muy común – y especialmente a causa del impresionante bombardeo de información que recibimos – que la preocupación mayor esté ligada con la salud del bebé. El temor más generalizado es que el chiquito tenga algún problema cromosómico, en especial el síndrome de Down.

En realidad existe un discreto incremento, una paulatina elevación de la curva de riesgo de este tipo de afecciones hasta los treinta y cinco años. Después el crecimiento se hace más abrupto. Esto quiere decir que los treinta y cinco es la edad clave a partir de la cual todos los obstetras recomiendan estudiar detenidamente el embarazo, realizando, además de los análisis de rutina, estudios más completos para conocer la salud del bebé.

Por suerte la medicina cuenta con muchas estrategias para saber todo acerca del bebé mucho tiempo antes de que se produzca el nacimiento. Los estudios genéticos actuales pueden determinar alrededor de cincuenta y dos patologías.
El estudio más común es la biopsia de vellosidades coriales que tiene la ventaja de poder hacerse a partir de la octava semana de gestación. Se extrae una pequeña porción de la placenta mediante una punción que se realiza a través de la pared abdominal: este material es suficiente como para averiguar el sexo y características genéticas del embrión.

También está la amniocentesis, un estudio de características similares que se realiza cuando el embarazo está un poco más avanzado (después de la semana 16). Se basa en el cultivo de líquido amniótico. Permite, además, realizar el dosaje de alfafetoproteína para descartar cualquier anormalidad en el tubo neural del bebé (la futura médula espinal).
El doctor de la Torre explica que a veces los padres tienen una impresión equivocada de lo que significa someterse a exámenes genéticos: “Es importante que se los relacione con lo que corresponde, que es su carácter informativo. Nuestra misión será poner al alcance de la pareja todas las novedades diagnósticas para que cuenten con la información necesaria y estén preparados si se presenta alguna dificultad. O, como suele suceder en la gran mayoría de los casos, se tranquilicen y disfruten del resto de la espera con total plenitud”

Nuestro cuerpo
¿Y qué pasa con los límites físicos que impone la edad? La mujer más grande tiene algunos cambios con respecto a su adolescencia, pero eso no significa que tenga limitaciones para tener un hijo. La naturaleza es sabia: la cantidad de ovocitos que tenemos al nacer – unos cuatrocientos mil aproximadamente – van a mantener su vida fértil hasta el momento de la menopausia.

Desde ya que, desde el punto de vista físico, lo mejor es tener un hijo antes de los treinta y cinco años. Pero tal vez las mujeres que transitan esa edad vivan el embarazo más plenamente y sean más conscientes.

Desde el punto de vista emocional suelen vivir todos los miedos que le imparten algunas viejas creencias, las vecinas, la suegra… que a veces, hay que admitirlo, son alarmistas aunque tengan la mejor intención. “Yo he asistido a madres de quince y de cincuenta y dos años. Todas tuvieron las mismas consecuencias y las molestias lógicas de cualquier embarazo”, señala el doctor de la Torre.

En efecto, todo embarazo supone ciertos cambios: La sangre está más fluida y aumenta su caudal, se retiene líquido por la acción de las hormonas esteroides que facilitan la retención de sales. Aparecen várices porque la vena se relaja por la progesterona y la musculatura lisa (que contiene el intestino, el estómago y la vejiga) tiende a distenderse y crear dificultad para digerir.

Todos estos síntomas son normales en embarazos de cualquier edad. Lo que sí señala el obstetra consultado es que algunas patologías – la diabetes o la artrosis, por ejemplo – pueden aparecer con el embarazo en mujeres que ya tenían predisposición.

 El famoso reloj biológico
Si tenes más de treinta años y estás en tratamiento para quedar embarazada o sentís que ya estás realizada como profesional y querés ser mamá, no te preocupes por la edad. Los especialistas sostienen que no hay un límite claro. Las experiencias de embarazos en mujeres post-menopáusicas gracias a los métodos de fecundación in vitro así lo demuestran: ya hay varias mujeres que fueron madres casi a los sesenta años. El límite lo determina la mujer.

Para de la Torre no existe un reloj biológico, en todo caso se trata de un reloj social. “La mujer puede embarazarse a la edad que quiera. Las posibilidades siguen estando a favor de la normalidad”, concluye.

Es bueno que sepas que las mismas normas y cuidados rigen tanto para una jovencita. como para las que no lo son tanto. Si ya tenías algún problemita, no te asustes: sólo tenes que vigilar cada síntoma atentamente, hacerle caso al médico y sobre todo disfrutar de la espera con toda la plenitud.

 

Mom´s copywright

 

 

- Siendomadre

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