8 tips para modificar malos hábitos alimenticios en el embarazo

8 tips para modificar malos hábitos alimenticios en el embarazo

El bebé en gestación se nutre de la calidad de tu alimentación. El embarazo es una excelente oportunidad para cambiar ciertos vicios alimenticios. Te brindamos algunos tips.

 ¿Es posible dejar hábitos nocivos con sólo la fuerza de la voluntad de un día para el otro? Responder con un SI rotundo puede ser la mejor manera de engañarse y el camino más corto hacia la frustración. Lleva años formar un hábito: ¿por qué habría de desaparecer de golpe?

 Sin embargo, el embarazo puede ser el periodo de adquisición de una nueva serie de hábitos alimenticios. Un lapso en el cuál el compromiso que asumas para ti y tu bebé tenga sentido. Revisemos algunos pasos que conducen en esta dirección:

  1. No dejar para mañana lo que puedes abandonar hoy:
    Si eres golosa, un poquito de azúcar conduce al próximo poquito y así hasta llegar a un montón. Lo mismo ocurre con las papas fritas y con todo eso que se traga, pero qué,  (además del tremendo esfuerzo para el aparato digestivo) no proporcionan nada al organismo.Antes de darle una cucharada a la torta, comer un helado, pedir un sándwich con aderezos…, considera un segundo las consecuencias ¿Es esto nutritivo para el bebé?
  2. Pensar antes de no comer:
    Si tu problema es de falta de apetito, ¡busca las razones! Si no desayunas por falta de tiempo, quizás la solución es levantarse diez minutos antes o preparar el desayuno la noche anterior: un bowl con frutas y cereales listo para agregarle leche. O, llevar al trabajo el desayuno (un sándwich de queso y huevo, una ensalada de frutas).Si no te gusta desayunar o almorzar, quizás necesites hacer más atractivas las comidas: pídele a tu marido que desayunen juntos, almuerza con una amiga. Si la idea de comer todo un almuerzo te cansa, ingiere pequeños y nutritivos snacks a lo largo del día (cereales, queso descremado con frutas, un sándwich de atún, media palta con una tostada de pan de cereales, nueces).
  3. Sustituir algo que te gusta por algo que te gusta
    No se trata de sentirse una mártir, de dejar esas medialunas de manteca por tostadas de pan negro. Privilegia las masas de harina integral y miel, sin manteca ni azúcar. El queso cremoso descremado con edulcorante puede reemplazar a la crema entera, y así; la búsqueda puede continuar con gratificantes hallazgos.
  4. No vuelvas a la escena del pecado:
    ¿Para qué sufrir en la confitería donde están esas cosas que son preferibles evitar?
    ¿Para sucumbir primero y sentirse culpable e indigestada después?
  5. No someterse a torturar la voluntad:
    Durante estos meses evita las mesas donde abundan las tentaciones nocivas. Si no queda más remedio que ir a una reunión donde las habrá, deja preparada en tu casa frutas, una porción de tarta de manzana sin azúcar o una porción de frutillas con queso crema.
  6. Que no sean pretextos para comer la falta de dinero o de tiempo:
    Siempre hay algo mejor que se puede comer en el mismo tiempo y por el mismo (o menos) dinero. Una banana es más barata que una golosina.
  7. Que el estado de ánimo no decida tu menú:
    La depresión, el aburrimiento, la ansiedad, la excitación pueden empujarte hacia el helado, hacia un atracón de bombones, hacia una pizza. Hay otros caminos hacia la satisfacción emocional: técnicas de relajación, caminatas, hacer manualidades, masajes…
  8. Pensar en positivo:
    Entrar a un restaurante pensando que será imposible resistirse al panqueque con helado es garantía de que no lo lograrás. Creer que “yo no puedo empezar el día sin dos tazones de café” es el camino preciso para comenzar el día con esa dosis de cafeína. Una puede mentalizarse a trabajar a favor y no en contra. Por ejemplo, pensando qué otras cosas hay en el restaurante o qué sustitutos existen para el café.

 

Decirse que se pueden vencer a los malos hábitos alimenticios es empezar a cambiarlos. La mente es muy obediente: sigue al tipo de pensamientos que instalamos en ella ¡Puedes logarlo!

 

 

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