Las ecografías en el embarazo

Las ecografías en el embarazo

Además de brindarnos la posibilidad de ver a nuestro hijo, la ecografía del primer trimestre es una importante herramienta de diagnóstico en la obstetricia.

La mamá, acostada en la camilla y con la panza descubierta, sonríe mirando el monitor. Y allí, en la pantalla, un bebé en blanco y negro se chupa el dedo…

No hace tantísimos años atrás las ecografías eran una rareza y sólo se las pedían a aquellas mujeres cuyo embarazo presentaba algún problema. Hoy es rarísimo el caso de una mujer que no se haya hecho al menos una ecografía durante la dulce espera. La ecografía se ha convertido en uno de los métodos más utilizados por los obstetras para seguir el embarazo y prevenir problemas de salud en la mamá y en el bebé.

La ecografía es un método auxiliar de la medicina y corresponde al obstetra que sigue el embarazo solicitarla y  su primer objetivo es responder a las dudas médicas del especialista.

¿Cuándo hacerla?
Cuando el análisis dio positivo y el médico confirmó el embarazo, a la mayoría de las mujeres nos sobreviene una terrible ansiedad por “”ver”” a nuestro bebé. Muchas persiguen a sus obstetras: “Doctor ¿cuándo me hago la eco?” En una gestación normal y sin complicaciones se puede hablar de cuatro momentos en los que, siempre de acuerdo al criterio del obstetra, se puede aconsejar una ecografía.

El primero de ellos se presenta en las primeras semanas, alrededor de la séptima. En este momento se puede establecer la ubicación – descartar si es ectópico por ejemplo, conocer la vitalidad del embrión y saber si es un embarazo único o múltiple. Esto último es muy importante porque los embarazos múltiples necesitan más cuidados y es importante saberlo precozmente. Muchas gestaciones normales empiezan con dos embriones y uno de ellos detiene su crecimiento y se reabsorbe (el restante continúa su desarrollo sin complicaciones). En algunos casos, esto puede ser confundido con una amenaza de aborto y una ecografía puede descartar el problema.

Todos estos datos pueden ser obtenidos una o dos semanas antes – entre la quinta y sexta -, si se utiliza el transductor vaginal, en lugar del clásico que se apoya sobre el abdomen. Este transductor se introduce en la vagina y permite ecografías de mayor resolución porque está en contacto directo con el útero y no tiene que atravesar las capas musculares, el panículo adiposo y las asas intestinales.

Pero, atención: es el obstetra quién decide qué tipo de ecografía se debe realizar. En general, no tiene sentido usar el transductor vaginal a menos que se presente una complicación, como amenaza de aborto o se quiera estudiar al embrión y la placenta con más detalle por alguna otra razón. Este sistema tiene gran resolución durante el primer trimestre, después no presenta ventajas con respecto al transductor común.

Mejor prevenir
La segunda oportunidad de ecografía es más o menos a la mitad del  embarazo, entre la semana dieciocho y veinte. En este momento se puede ver si el crecimiento y el desarrollo del bebé son normales. Muchas veces estos datos pueden servir para tomar medidas preventivas durante el embarazo y  el parto.

Hay patrones de movimientos del bebé que dan idea de su estado de salud. Además se pueden detectar problemas de funcionamiento y de anatomía. Por ejemplo, observando la cámara gástrica del embrión se sabe si su sistema digestivo funciona bien.

Otro problema que se puede detectar en este momento es los “”defectos de cierre del tubo neural””, también llamados  espina bífida. Resulta fundamental saberlo con anticipación para elegir el mejor momento para el nacimiento, que debe ser por cesárea para no dañar la médula expuesta del bebé en el paso por el canal de parto.

Durante el último trimestre se puede realizar una tercera ecografía para monitorear el crecimiento del bebé,  su actividad y movimientos. Y, ya bien cerca de la fecha de parto, existe la posibilidad de hacer una cuarta para conocer con exactitud la posición del bebé y de la placenta.

¿Será mujer? ¿Será varón?
Una de las grandes incógnitas que los papás llevaban al momento del parto era el sexo del bebé. Hoy la mayoría prefiere saberlo a través de la ecografía. Teóricamente, el sexo del bebé podría determinarse, a través de la ecografía, a partir de la semana doce. Pero lo cierto es que hay muchos factores en el desarrollo de los genitales que podrían conducir a error; por eso no conviene realizarlo en este momento. En los bebés femeninos, por ejemplo, un clítoris agrandado por las hormonas maternas puede confundirse con un pene.

Alrededor de la semana veinte se puede hablar de un diagnóstico de sexo. En los varones se busca el escroto y el pene, y en las mujeres, los labios de la vulva.

Muchas veces estas estructuras no se observan por la posición del bebé, que está “”de cola”” o con las piernas cerradas. En esos casos hay que tener paciencia y esperar hasta que se pueda ver algo. Otras veces, cuando el líquido amniótico está muy disminuido o cuando hay una malformación – genitales ambiguos, por ejemplo – el diagnóstico se puede dificultar.

¿No le hará daño al bebé?
Durante mucho tiempo se han escuchado voces advirtiendo sobre los peligros que podría entrañar el uso indiscriminado de las ecografías prenatales. Actualmente se puede afirmar que este procedimiento no produce ningún daño en el bebé. De cualquier forma, es un procedimiento médico y está en los profesionales decidir cuándo realizarlo.

La energía que trasmite el ultrasonido de la ecografía es mínima: se calcula que representa la centésima parte de la que se necesitaría para ejercer algún efecto sobre las células.

La ecografía prenatal tiene muchas otras aplicaciones, como la del tipo DOPPLER, que determina el flujo de sangre en los vasos fetales o de la placenta. También resulta imprescindible para tomar las muestras del diagnóstico prenatal, ya sea amniocentesis o biopsia de vellosidades coriónicas.

Más allá de todas estas razones médicas, la ecografía nos dio a los padres una posibilidad casi increíble: conocer a nuestro bebito mientras todavía crece en la panza.

¿Qué se ve en las ecografías 4 D?
Una ecografía 4D es una ecografía 3 D (live), es decir en movimiento, con alta resolución en la imagen lograda con ecógrafos de última generación. El scanner 4D -que produce imágenes detalladas en 3D que se mueven en tiempo real-, muestra que los bebés empiezan a mover los dedos a las 15 semanas, bostezan a las 18 semanas y sonríen, parpadean y lloran a las 26 semanas.

La Primer Ecografía:
La primer ecografía se realiza entre la semana 8 y 12 de embarazo. Es muy emocionante ya que la pareja ve por primera vez a su bebé, escucha sus latidos y toma conciencia de que van a ser padres.
El diagnóstico por ultrasonidos tiene por objetivo analizar si hay uno o más embriones, si el embrión se ha implantado correctamente, si se observan latidos y si el tamaño es acorde a la edad gestacional. Se observa la longitud “coronilla nalga”, desde la cabeza a la cola. Los parámetros de medición son de más / menos una semana. Generalmente ésta se hace transvaginal ya que el médico puede observar mejor al embrión. Las ondas no perjudican ni al bebé ni a la madre.
Otros estudios:
• Alfa-feto proteína y translusencia nucal por ecografía: La AFP es una proteína normal producida por el feto en la sangre materna. Un nivel alto o bajo puede indicar problemas en el desarrollo del bebé. Se mide la translusencia por un experto para ver el grosor de los tejidos del cuello fetal. Si es aumentado se sospecha Síndrome de Down.
• Amniocentesis: consiste en la extracción de líquido amniótico entre la semana 16 y 18 del embarazo generalmente en mujeres mayores de 35 años a las que el AFP no les dio bien. Sirve para detectar anormalidades cromosómicas o trastornos genéticos simples. Supone un mínimo riesgo (0.5%) de causar aborto.

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