La importancia de la presencia del padre

La importancia de la presencia del padre

Entre las cuestiones indispensables que debemos tener en cuenta para el momento del parto y del nacimiento del hijo es la presencia PADRE ¡Te contamos el porqué!

 Me gustaría centrar la mirada en el padre, sin mirarlo de soslayo como suele hacerse al hablar de parto y nacimiento. Durante las últimas décadas se insistió en que la mujer necesita del apoyo del hombre en esta experiencia.

El desafío hoy, es ocuparnos del hombre, que a su vez necesita ayuda para ocupar su espacio. De manera contraria, queda un vacío de poder y un padre privado de la experiencia más importante de su vida.

 

La mirada de los otros
Frente a la pareja que espera un hijo, la sociedad dedica especial atención a la madre porqué ella es la responsable fisiológica de albergar al hijo, y deja de lado al otro que -a mi entender- es el sostén psicológico de la mujer.

El hombre se siente socialmente tironeado. Debe reprimir sus temores ante su mujer para protegerla, ser quizás auxiliar del obstetra si se lo indican o, por el contrario, y de un momento a otro, quedar relegado a un segundo plano.

¿Me pregunto si es justo incluirlo de una manera fraccionada? Tiene que saber atender el parto en caso de urgencia, ser un excelente asistente o también quedarse afuera, y comiéndose las uñas.

 

Nuevo rol
En este desafío de ayudar al hombre que se busca a sí mismo en un nuevo rol, sólo queda optar por una actitud sana y coherente. 0 se lo incorpora en plenitud, dejando que se adueñe de su lugar, participando activamente y a su manera o, se prescinde de su colaboración.

Por fortuna, en este punto muchos hombres ya no dan marcha atrás. Me gustaría que reflexionáramos sobre el daño que le hacemos cuando le ofrecemos una participación “a medias”. Cuando una persona se entrega con todo su ser, para vivir el nacimiento de un hijo, no se le puede pedir de pronto que se repliegue, que tome la retirada y que, metafóricamente, se vaya a tomar un café.

 

En presencia de un padre
Los hombres pueden ocuparse del bebé recién nacido y tienen el derecho de hacerlo como mejor les salga (seguramente es excelente). No sigamos sus movimientos con mirada inquisidora creyendo que el instinto nos provee sólo a nosotras de algo que él no tendrá jamás.

Por fin, en el post-parto existe una tendencia a rodear a la madre de un halo rosa e idealizado (aunque en realidad no lo sea tanto), y entonces todos los asuntos cotidianos los debe cargar su pareja.

El hombre se comporta habitualmente como la sociedad le impone: debe desprenderse del hijo recién nacido a los tres días del parto. Se espera que vuelva contento a trabajar por la responsabilidad que acarrea el nuevo miembro de la familia.

 

El destierro
Cientos de veces he visto cómo cuando el hombre está presente en el parto luego se le hace mucho más difícil alejarse de su mujer y de su hijo, y no encuentra eco para esta inesperada sensación de vacío.

Es bueno que cuando hablemos de temas como éste nos acostumbremos a eliminar términos como “ayudar” o “acompañar”. Se ayuda a otro en asuntos del otro, se lo acompaña en un camino que es del otro.

 Pero la procreación, el nacimiento y la crianza de un hijo es asunto de ambos. No se avanza bien sin el otro. Cada uno tiene su rol específico en esta empresa común. Dar vida es un trabajo y una felicidad de a dos.

Maruca Viel Temperley, Instructora en psicoprofilaxis del parto

 

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