Estimulación en la niñez

Estimulación en la niñez

Estimulación en la niñez ¿Cómo fortalecerla? ¿Como estimularlos sin atosigarlos!? La niñez es un periodo donde nuestro hijo se moldea,  donde plantamos nuestra semilla para que crezcan siendo hombres de bien.

“Imagínate!… Volvíamos a Buenos Aires después de pasar unas divertidas vacaciones en Pinamar. En el auto iba toda la familia. En el asiento de atrás, Juan, con sus 6 añitos, se estaba portando espléndidamente, parecía un angelito. Entonces, pensé: “Realmente, se merece que le diga algo lindo en reconocimiento a su buen comportamiento”. Minutos después le decía: “Sos un chico tan bueno, Juan… Te estás portando bárbaro. Estoy orgullosa de tener un hijo como vos.”
“Al roto, cuando nadie lo esperaba. Juan arrojó el cenicero, ensuciándonos a todos con la ceniza y las colillas que tenia adentro. Como mi marido es alérgico comenzó a estornudar sin parar y estuvimos a punto de chocar. ¡Lo hubiera matado!… Pensar que lo había felicitado tan sinceramente por su buen comportamiento. Es que… ¿no es bueno festejar los buenos actos de nuestros chicos?”.
Semanas después Juan explicó a su mamá qué había pasado. Durante todo el camino había estando pensando cómo podía librarse de su hermano menor, que estaba sentado entre su mamá y su papá, en el asiento de adelante del auto. La idea que se le había ocurrido era que el auto debería cortarse en dos, exactamente por el medio, para que sus padres pudieran mantenerse a salvo mientras el bebé era cortado en dos. Cuando su mamá lo había felicitado por lo buen chico que era, él se había sentido culpable y quiso demostrar que no se merecía semejantes palabras. Entonces, miró a su alrededor, encontró el cenicero y… el resto de la historia ya la conocemos.

Comportamiento Vs. Personalidad

La mayoría de las personas creen que las palabras de aliento contribuyen a formar chicos seguros de sí mismos. Sin embargo, algunas veces estos reconocimientos suelen desencadenar malas conductas. ¿Por qué?
Cuando los papas le dicen a su hijo “¡Qué buen chico sos!”, él no se siente merecedor de semejante juicio ya que la imagen que tiene de él mismo dista mucho de la que sus padres demuestran tener. No puede entender cómo puede decirse de él que es un buen chico cuando acaba de desear cerrar la boca de su madre con un cierre o lograr que su hermano pase el fin de semana en un hospital. En realidad, cuanto más se lo reconozca, peor va a comportarse para mostrar lo que él cree que verdaderamente es.¿Significa esto que las palabras de aliento y reconocimiento deben evitarse? De ninguna manera. Pero la regla de oro es que las palabras de aliento deberán mostrarle al chico una imagen realista de él mismo, no una imagen de su personalidad sobredimensionada.
Isabel, de 8 años, ha ordenado su cuarto después de jugar con su amiga. Puso las muñecas en la repisa correspondiente, colocó los almohadones sobre su cama, ordenó los libros de cuentos en su biblioteca. Su mamá, sorprendida, quiso hacerle conocer su reconocimiento al esfuerzo realizado:

MAMA: – Tu cuarto está muy ordenado… No creía que pudieras hacerlo en tan poco tiempo.
ISABEL: – Sí, pero me apuré y pude.
MAMA: – ;Está tan lindo este lugar!… ¡es un placer entrar a tu cuarto! Muchas gracias, Isa.
ISABEL: – (Sonriendo, orgullosa) Podes entrar cuando vos quieras.

Las palabras de mamá hicieron sentir a Isabel contenta y orgullosa por el esfuerzo realizado. Seguramente, Isa tratará de mantener su cuarto ordenado hasta que llegue papá para mostrárselo a él también y repetir esta sensación de satisfacción por el deber cumplido.

En cambio, las palabras de aliento del ejemplo que sigue, que apuntan directamente a la personalidad del chico, no son convenientes:

“Sos una maravilla de hijo”.
“¿Qué sería de mamá sin tu ayuda?
“Vos sí que sos una ayuda imprescindible para mamá”

Este tipo de comentarios probablemente causen ansiedad en tu hijo. El sentirá que está lejos de ser una “maravilla” y que le resulta imposible alcanzar este nivel que vos pretendes darle. Entonces, en vez de esperar pacientemente que los demás se den cuenta del “fraude”, él decidirá alterar la imagen que tenga de sí portándose mal. Interiormente, tu gordo rechazará estas palabras porque sabe que, honestamente, no las merece.

Conociéndome

Las frases de aliento constan de dos partes: nuestras propias palabras y las inferencias que los chicos puedan hacer a partir de ellas.
Nuestras palabras deben establecer claramente que apreciamos y valoramos el esfuerzo de los chicos, su ayuda, su creación. Nuestras palabras deben ser tan constructivas que el chico pueda, a partir de ellas, elaborar una conclusión realista acerca de su personalidad. Nuestras palabras deben funcionar como una tela en blanco sobre la cual el chico puedo pintar la imagen de sí mismo. Por ejemplo:

Frase constructiva: Me gusta la tarjeta que elegiste. Es tan linda…
Inferencia posible: Tengo buen gusto, puedo confiar en mis elecciones.
Frase constructiva: Tu poema le habla a mi corazón.
Inferencia posible: Estoy contento de poder escribir poemas.
Frase constructiva: La biblioteca que armaste es divina.
Inferencia posible: Tengo la capacidad de hacer cosas como estas.
Frase constructiva: Tu carta me divirtió mucho. Inferencia posible: Puedo alegrar a otras personas también.

Estas palabras dichas por nosotros y las posibles conclusiones de los chicos son los ladrillos que construyen la salud mental de nuestros hijos. Aquello que concluyan a partir de nuestras pala¬bras, lo repetirán más de una vez para sí mismos. La repetición de estos juicios una y otra vez logran que ellos se formen una buena imagen de sí mismos y del mundo que los rodea.

¿Cuándo una crítica es constructiva y cuándo destructiva?

La crítica constructiva tiene como fin señalar cómo hacer lo que debe hacerse, omitiendo destacar los aspectos negativos de la personalidad de los chicos.
Martín, de 8 años, sin querer, derrama su vaso de leche sobre la mesa.

MAMA: – ¡Creo que sos lo suficientemente grande como para sostener el vaso sin que se te caiga! ¡Cuántas veces te dije que tuvieras cuidado! A veces sos tan distraído.

El ridículo que Martín ha tenido que pasar después de haber cometido su “falta” le costará mucho en términos de la confianza en sí mismo. Cuando alguna cosa no salga bien es necesario que hagamos hincapié en el hecho que aconteció y no en la personalidad.
Cuando Carla, de 8 años, derrama su leche sobre la mesa su mamá le dice, manteniendo la calma, “Veo que tiraste tu leche. Acá tenes otro vaso de leche y acá tenes la esponja.” Carla mira a su mamá con alivio y dice: “Gracias, mamá.” Entonces, limpia la mesa con ayuda de su mamá. Ella no agrega comentarios que estarían de más. Estuvo a punto de decirle: “La próxima vez tené más cuidado”, pero cuando se dio cuenta lo agradecida que estaba Carla por sus silencio, se calló.
A partir de las pequeñas cosas los chicos van construyendo sus más grandes valores. Los chicos necesitan aprender de sus papas a distinguir entre eventos que no revisten demasiada importancia y aquéllos que son trágicos. Algunos papas reaccionan frente a un huevo roto como lo harían frente a una pierna rota. Frente a un guante perdido en el “colé” reaccionan como lo harían frente a una catástrofe y no diciendo:

“Perdiste otra vez tus guantes. Esto me enoja porque los guantes cuestan dinero; sin embargo, es verdad que no es una tragedia.”

Nosotros y nuestros hijos debemos aprender a tomar conciencia de que la pérdida de un par de guantes no debe provocar la pérdida de control sobre nosotros.

 

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- Siendomadre

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