Mi hijo tiene verguenza

Mi hijo tiene verguenza

La verguenza es un sentimiento natural en el ser humano. En los chicos, aparece espontáneamente durante su desarrollo evolutivo. ¿Cuáles son sus manifestaciones, sus causas?, ¿cómo ayudar a nuestros hijos? son interrogantes que intentaremos responder en esta nota.

Los chicos manifiestan su timidez de distintas maneras. Comienzan a mostrar sus cuerpos con menos naturalidad, los asaltan miedos nocturnos, dejan de asistir a los cumpleaños, les cuesta hacerse de amiguitos. Algunos se esconden detrás de las piernas de su mamá cuando algún desconocido intenta saludarlos; otros, bajan la mirada cuando alguien los saluda.
Todas estas manifestaciones responden a un mismo sentimiento que a veces, puede ser considerado normal y otras tantas resulta preocupante.

¿Cuándo aparece la vergüenza?
Hay dos momentos claves en el desarrollo de los chicos en los que puede aparecer la vergüenza; ambos entre los 3 y 5 años. El primero de ellos es cuando comienza el control de esfínteres. Desde el punto de vista del desarrollo de la libido, la idea de “lo sucio” y “lo limpio” se instala cuando el chico descubre que hacer caca o pis son circunstancias privadas. Hasta entonces, su mamá lo limpiaba naturalmente pero desde ese momento se encuentra solo en el baño. Además, toma conciencia de que sus padres también se “esconden” para hacer lo mismo. Surge entonces la vergüenza derivada de las cosas que no pueden hacerse públicamente.

La difícil tarea de mostrarse
Sin embargo, es posible que el pudor aparezca en otro momento: cuando comienza a transitarse la etapa edípica, aproximadamente a los 5 años. En este momento perciben que los adultos comienzan a ocultar algunas cosas y, por lo tanto, ellos también ocultan las suyas. Algo parecido, sucede en la pubertad. La sexualidad vuelve a colocarse en primer plano, aunque ya no en relación con la familia sino con el grupo de amigos al cual el chico pertenece.
Los cambios físicos implícitos en esta etapa ha­cen que el pudor deba vivir una etapa de duelo. Por un lado sufre el abandono del cuerpo infantil y con este todo ese mundo. Por el otro, empieza a desarrollarse un cuerpo adulto, desconocido y junto con él la adquisición de” un nuevo rol, perte­necer al mundo adulto. Es por esto que quizás re­surja la situación bochornosa vinculada a cual­quier contacto que recuerde a la sexualidad.
Juancito está perdidamente enamorado de su mamá. Sin embargo, su papá a cada momento le recuerda que esa mujer no es de él. Ese amor por mamá es un deseo que se vive como peligroso de ser mostrado: es un deseo incestuoso y que no se siente en forma consciente. Más aún: debe ocultarse a toda costa. Y, junto a él, se oculta el cuerpo, vehículo de ese deseo. Entonces, aparecen las conductas de pudor y timidez. María ya no anda levantándose la pollera por ahí y Lucas no quiere que le cambien ‘el traje de baño delante de otros en la playa.

Chicos vergonzosos, adolescentes tímidos
Cuando la represión de esa exteriorización del amor por mamá es “normal” la timidez alcanza sólo determinados aspectos y cada uno reserva algunas situaciones en las que experimenta vergüenza. Generalmente, son las situaciones nove­dosas las que la provocan. En cambio, si la repre­sión de este deseo es muy intensa se arrastran otras conductas que hasta el momento habían apa­recido como normales. ¡Hasta hablar implica ponerse al descubierto!… Por asociación, evitan toda situación que implique “mostrarse”.
Durante la pubertad, la vergüenza reaparece: las chicas caminan por la playa tapadas hasta los tobillos; los varones, sólo esbozan dos palabras cada vez que tienen que entablar una conversación. Todo lo que se asocie con mostrarse ante los otros los incomoda; entonces, se esconden, si bien es normal que a esta edad se vean feos. Algunos, se refugian en la categoría de intelectuales como una actitud de defensa, convirtiéndose en los tra­gas de la clase. Otros, no cuentan con este recurso porque ni siquiera se animan a contestar las pre­guntas del profesor.

¿Cómo ayudarlos?

Raúl siempre soñó con tener un hijo arrollador, simpático, canchero y fantástico en todos los sen­tidos. Con desilusión, vio como Javier, de 4 años, carecía de todos esos atributos. “Javier es dema­siado tímido. No habla con los mayores y, en el jardín, está todo el tiempo apartado, sentado en un rincón. Yo siempre le digo que no sea tímido, que parece tonto si no habla”, asegura Raúl sin darse cuenta de que con esa actitud abochorna aún más a su hijo. Javier, seguramente, percibirá que su papá está enojado, pero no por su conducta sino por lo que secretamente desea. Entonces, se senti­rá más avergonzado y se esconderá más todavía.
Los papas debemos estar atentos para distin­guir un comportamiento vergonzoso normal del que no lo es. Poner a los chicos en el lugar de ver­gonzosos, justificada o injustificadamente, sólo los ayudará a asumir ese papel.
Es natural que aparezca cierto pudor como par­te de la instalación de la idea de “privacidad”. Las mamas debemos saber entonces que nuestro hijo ya no hará todo delante de nosotras; que, a veces cerrará la puerta del baño y no querrá que sepa­mos qué es lo que está pasando. Este es un signo de crecimiento. Pero, puede ser que la timidez se transforme en una limitación para él. Entonces, lo mejor es consultar al médico.

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