Mamá ¿es una Diosa?

Mamá ¿es una Diosa?

Este es el testimonio de una madre, que lejos de ser la realidad de otras, es la suya. Vale la pena compartirlo porque empatizar o no con otros sentimientos nos ayuda a reflexionar sobre una misma.

Cuando una se convierte en mamá pareciera que pasa a formar parte de la categoría “MADRES” y una deidad parece envolverla ¿Qué ha pasado?

¿Elección u obligación?
Había sido mujer antes de ser mamá. Con mis necesidades espirituales y fisiológicas. Pero, convertida en madre, la mirada de los otros me colocó en una especie de altar, conduciéndome a una santidad no deseada.

Sacralizar a las madres parece ser algo típico de nuestra cultura… A partir del momento en que tenemos un hijo se espera que iniciemos el “culto al hijo”, que no se si tiene mucho que ver con el amor maternal.

La biología nos destinó a ser madres. Ser madre no se elige: se cumple como un deber. Ser madre no es una elección sino una misión ¿Por qué se empeñan en quitarnos lo más lindo que tiene la maternidad que es ejercerla LIBREMENTE?

¿Y nuestro deseo?
Para mantener este estado de cosas hay que anular el deseo propio de cada mujer-mamá. Por algo es que, en esta dimensión “religiosa” de la maternidad, la madre vive a través de sus hijos.

Es que, si conserváramos nuestro deseo intacto aparecería el “peligroso” anhelo de “escapar” cuando se juntan el insomnio del bebé con el malhumor del marido ¿Sabes qué es lo peor? Que restringiendo el deseo se distorsionan los vínculos. El amor a los hijos aparece entonces como inevitable y unívoco. Sin ambigüedades ni variaciones de intensidad. Peligrosamente estable.

¡No soy perfecta!
Un conjunto de prejuicios impiden dar a la maternidad su real significado.
Tanto se la glorifica, que una, cuando es mamá y descubre sus falencias, ¡siente tanta culpa por no ser perfecta!

La Buena Madre tiene que entregarlo TODO por sus hijos. Desde el momento en que somos mamás, nuestra vida gira en torno a nuestro bebé con menos posibilidades de dedicarnos a nosotras.

Una carga difícil de sostener
La maternidad como “religión” implica precisamente esto: la entrega absoluta.
Tal es la deidad que la cultura impone que una de las primeras preguntas que las primerizas solemos hacerle al obstetra cuando nos enteramos de que estamos embarazadas es: “¿Podré seguir haciendo el amor como siempre o le hará mal al bebé?”

¿Por qué se sostiene el mito de la mamá perfecta?
Fundamentalmente, por dos razones. En primer lugar, existe un consenso social que considera verdadero el concepto de madre-diosa. Mientras todas aquéllas que intentamos transgredir ese modelo, somos tildadas de raras, de malas madres.

El otro factor es que algunas mujeres se creen esta “historieta” y la actúan. Asumen el rol que el mito les propone y lo realizan a la perfección.

¿Por qué? Porque cambian individualidad por seguridad. Porque mantener el modelo antiguo no implica riesgos, es una estructura más segura.

Además, existe algo “sagrado” de lo que una buena madre debe hacer como por ejemplo, “amamantar al bebé como mínimo hasta los 6 meses de vida. Hacerlo, beneficia la salud del bebé y el vínculo con su mamá.”

Esta afirmación y otras por el estilo coartan la creatividad que cada mamá-hijo puedan desarrollar a medida que se conocen, construyendo su propio modelo de relación.

Construir el propio modelo de maternidad
Romper con el modelo de la “Madre-Diosa” es lo más sano que puede pasarnos a nosotras y a nuestros hijos.

Se trata de construir el modelo propio, un modelo más humano y real aunque sea menos “perfecto”. Ser una madre Diosa no hace bien ni a nosotras ni a nuestros hijos.

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