El rol del papá

El rol del papá

¿Cual es el rol del papá hoy?  Tiempo atrás, cuando un bebé comenzaba a llorar en medio de la noche, la mamá era quién saltaba de la cama. Es más, lo hacía de la forma mas rápida y sigilosa que fuera capaz, para evitar que nada perturbara el sueño de su marido. Y no era de lo único que se ocupaba. Con decir qué, para cuando él llegaba a su hogar, todo se veía reluciente: la comida preparada y los niños listos para dar el beso de las buenas noches.

Eran los tiempos en que el padre tenía el indiscutible y único deber de funcionar como proveedor y, por ende, la crianza recaía por completo sobre las espaldas de la madre, porque eso era cosa de mujeres…

Mucha agua ha corrido bajo el puente

Cada vez es más difícil que el papá funcione como único proveedor sin mencionar que muchas de nosotras nos hemos lanzado a la vida profesional. Por lo general, ambos padres se encuentran con responsabilidades laborales para sumar a las familiares. Además, aunque así no fuera, los roles han perdido su rigidez y muchos papás aprendieron a disfrutar algunas de “esas cosas de mujeres”. Una mamá puede ser gerente de un banco y un marido puede pasar por el supermercado a comprar comida cuando vuelve de la oficina. A nadie lo sorprende. Pero lo mejor y más valioso de este sistema, al que se lo ha bautizado con el nombre de “responsabilidad compartida” es que los papás jóvenes parecen haber descubierto que pueden comprometerse abierta y emotivamente con sus hijos y se dan la oportunidad para reconocer sus instintos paternales.

Ni la sociedad, menos aún la biología, preparan al hombre para convertirse en un padre involucrado cien por ciento en la crianza de su hijo. Sólo lo hace responsable de pagar las cuentas, asegurarse de que reciba una buena educación en el colegio y de que no le falte ropa y comida. Pero ser padres significa mucho más y, a la hora de hacerse cargo de los hijos, muchos de ellos tienen que arreglárselas como puedan y averiguar de qué se trata. Seguramente echarán mano a los recuerdos de su pasado, buscarán ejemplos y recibirán influencias de su ambiente actual y también de su mujer. Pero, en definitiva, será el quién tendrán que definir qué es ser padre, según lo que para ellos signifique.

Instinto Maternal

El instinto maternal es innegable. Existe, y es propio de la mujer. Pero para ocuparse de los chicos no se requiere instinto de ninguna especie. Sólo se necesita estar bien dispuesto a aprender, pues la habilidad para cuidar a un chico, como cualquier cosa que se aprende, es en base a la experiencia, a los aciertos y fracasos.

Quizás una mamá se vea muy experimentada en el cuidado de su bebé. Pero la verdad es que las madres empezamos como novatas. Las mujeres no nacemos con talentos especiales para hacer eructar al bebé o para bañarlo. Y, hoy en día, nadie puede seriamente sostener que las actitudes tiernas y dulces para con los niños son una prerrogativa femenina. Ambos sexos pueden expresarlas.

De hecho, Sigmund Freud es quién se ocupó de darle forma al mito que afirma que las mujeres contamos con una habilidad para cuidar bebés de la que los hombres carecen. Estaba convencido de que nacíamos con una sensibilidad, suavidad, dulzura y afectuosidad instintiva. En la actualidad, esta teoría está bajo la lupa del cuestionamiento, ya que se presume que Freud no tuvo en cuenta la influencia del ambiente victoriano reinante en las familias en las que basó su observación. Pero sus efectos han llegado hasta nuestros días y aún pueden ser rastreados en algunos padres de hoy que afirman que son sus mujeres las que están a cargo de todo el cuidado del bebé.

Afortunadamente, cada vez son menos los hombres que se conforman con ese rol secundario y más los que se aventuran más allá de las tradiciones. Claro que, como único marco de referencia, tienen que recurrir a la típica imagen de una mujer. Pero los que lo hacen saben que el deseo de cuidar de sus hijos no es un sentimiento maternal trasladado. Por el contrario, reflejan actitudes y puntos de vista masculinos.

Los hombres modernos no están tratando de apropiarse del lugar de las mamás. Están reaccionando como padres. Después de todo, eso es lo que son. Aquellos papeles que aprendieron de sus progenitores, la mamá protectora y el papá proveedor sólo les sirven de punto de partida.

Sentirse papá

A nosotras nos inculcaron el rol materno, desde muy chiquitas, a través del juego con las muñecas, cunitas… En cambio, a los varones se los empuja a todo lo relacionado con el trabajo, herramientas de carpintero, tractores, camiones, autitos. Por eso, cuando le traen al papá su bebé por primera vez, puede sentirse fuera de contexto. Aunque esta sensación de extrañeza podría reducirse si participa activamente del embarazo y el alumbramiento.

Mamá y los miedos de papá

A veces puede suceder que los padres tengan miedo de no saber cuidar de su bebé. En estos casos, las mamás tienen que incentivarlos para que se atrevan a entrar en contacto con sus hijos. Cuando preguntan, explicarles cómo hacerse cargo y dejarlos actuar a su modo con el bebé. El padre necesita sentir que el niño es suyo, que está aprendiendo a cuidarlo y que su participación es útil y siempre bienvenida. Ambos miembros de la pareja deben establecer una sociedad en la que uno respete el interés, la habilidad y el derecho del otro a tomar parte en la crianza del hijo.

Existen casos en los que la mujer se queja en forma desesperada de la falta de colaboración del marido. Pero, cada vez que éste intenta participar o esgrimir una opinión acerca del niño, ella tiende a corregirlo o a contradecirlo. Es imprescindible que comprendamos que no estamos mejor dotadas que nuestros maridos. Les debemos la oportunidad de intervenir activamente y tenemos que confiar en sus capacidades tanto como en las nuestras. Ambos tenemos algo para ofrecer a nuestro hijo.

Papás y bebés

Nada lo acercaría más a sus hijos que cuidarlos desde el principio. Así descubrirán lo que le gusta, lo que necesita, cómo demostrarles amor y conquistar el suyo. En fin… aprenden a comunicarse con sus bebés. Y estas no son lecciones que puedan sacarse de largas clases teóricas, hay que vivirlas.

¡Tantos papás sufren lo mismo: miran a sus hijos y los sienten como perfectos extraños! El único antídoto conocido para este mal es jugar un rol protagónico en su cuidado y atención.

Papá trabaja mucho…

Hay mamás que por estar de licencia o por no trabajar, no les piden a sus maridos cuando llegan de la oficina, que atiendan a sus hijos, no les parece justo. Suena muy razonable pero no lo es tanto. Somos miles y miles las madres que trabajamos y aún así, previo paso por el supermercado, tenemos tiempo para cambiar a los chicos, darles de comer, jugar un ratito con ellos y ponerlos a dormir. Así como hay papás que, a pesar de llegar agotados del trabajo están felices de colaborar.

Los niños necesitan de ambos padres y tienen derecho a esperar que los dos tomen parte en su cuidado y atención. La decisión de traerlos a este mundo se hace de a dos. Por lo tanto, ambos son igualmente responsables por los hijos, y ejercer el rol de padre no debería ser un sacrificio para el papá, sino todo un placer. Después de todo, es un papel que él eligió. Es importante que el hombre comprenda que tiene el deber de intervenir en la crianza de sus hijos.

Al permitirse esa posibilidad, descubrirá cuanto más reconfortante resulta y cómo afecta positivamente a todo el núcleo familiar. Incluso a su relación matrimonial. En cambio, si deja todo en manos de su mujer, quedará a un lado, como un simple observador. Compartir la responsabilidad no significa repartir equitativamente las labores al punto de asegurarse que padre y madre cambien la misma cantidad exacta de pañales, preparen el mismo número de mamaderas, etc. Se traduce en una entrega completa. Que se preocupe tanto uno como el otro cuando hay algún motivo y que no se esconda detrás del diario como si un hijo fuera, tal como sostenían nuestros abuelos, “asunto de mujeres”.

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