Padres sobreprotectores

Padres sobreprotectores

¿Cómo criar a nuestro hijo sin caer en la sobreprotección? El secreto es encontrar el equilibrio para apoyar el aprendizaje y facilitar el despegue del niño de nuestra tutela ¿Cómo logarlo?

¿Qué significa “sobreproteger”?
Cuidar en exceso, de más. Exagerar precauciones hasta el punto de ahogar al niño. Sobreprotección es cuando se
acude en procura de lo que el hijo necesita aún antes de que este sea consciente de su necesidad.

Según la psicología…
Los autores coinciden en que el recién nacido se encuentra en un estado de dependencia física y afectiva. La mamá es la intermediaria entre él y su realidad. De esto depende su desarrollo normal y  su ¡supervivencia!

La mamá debe satisfacer dos necesidades contrarias del bebé. Por un lado, darle seguridad, contacto, contención. Por otro lado, la apertura para que conozca al mundo. Es esperable que a medida que crezca, vaya disminuyendo la necesidad de contacto y prevaleciendo su relación con el mundo.

La “buena madre”
Según el psicoanalista Winnicott “el crecimiento es un proceso que va de la mayor dependencia a la mayor independencia. Una madre “suficientemente buena” es la que, en la fase de dependencia absoluta, se entrega a cuidar al bebé, identificándose con él y adaptándose a todas sus necesidades. Pero en un segundo momento, fase de dependencia relativa), puede  fallar gradual y progresivamente a la satisfacción de sus necesidades, de acuerdo a la habilidad creciente del chico para poder esperar. La mamá que lo hace enojar es la misma que lo quiere y satisface. Así, va volcando el afecto hacia otras personas e intereses en un proceso que culminará en la vida adulta. Una mamá que no sabe “fallar”, fallará en no darle a su hijo suficientes motivos de enojo que le permitan separarse de ella”.

Madre sobreprotectora
Si todo va bien ocurre el desembarazo gradual de la liga simbiótica y el progresivo distanciamiento, esencial para el desarrollo del psiquismo. Pero algunas madres fracasan por no encontrar un balance intuitivo entre brindar apoyo y vigilar a distancia.

Normalmente, una madre sabe que educar a su hijo es enseñarle a prescindir de ella. Una “madre sobreprotectora” intenta prolongar esa relación. Esta continúa respondiendo a las necesidades de su hijo más allá de la etapa en la cual ya no es beneficioso, obstaculizando el desprendimiento del niño.

Papá existe
En este camino las mamás no están solas. La figura paterna acuña ese vínculo estableciendo los límites. Interviene en la excluyente relación que se entabla, para ayudar a su pareja a rescatarse de su adhesión emocional con el hijo, quién a su vez aprende a separarse de ella.

Si el papá no interviene, se entabla un círculo vicioso en el cual la madre tiende a sobreproteger al hijo para evitarle situaciones de temor y realiza cosas por él, demorando su aprendizaje. Cuando el padre no pone límites, favorece esta situación y el chico depende cada vez más de su mamá para una cantidad de acciones que no pudo aprender.

Consecuencias de la sobreprotección
Si la simbiosis continúa, surgen desviaciones evolutivas. Algunos trastornos que pueden aparecer en estos casos son excesiva timidez, inseguridad, infantilismo, problemas de aprendizaje, sumisión, caprichos extremos, trastornos del sueño y/o la alimentación.

Es importante tener en cuenta que lo que traba el desarrollo normal impide al niño “cortar el cordón” y acceder al grado de autonomía acorde al momento evolutivo que atraviesa.

El equilibrio
El asunto radica en encontrar el punto justo para intervenir apoyando el aprendizaje y facilitar el despegue del niño de la tutela parental.

Hay que tener paciencia para esperar que el hijo lo haga solo. Coartar sus habilidades, reemplazar sus manos por las nuestras equivale a frustrar el proceso.

Se trata de orientar al niño de cerca pero nunca hacer por él aquello que puede hacer por sí mismo. Gozar con sus logros pero, sobre todo, con sus intentos.

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