Luna de miel sin hijos, ¿te animas?

Luna de miel sin hijos, ¿te animas?

Amas a tus hijos y disfrutas estar con ellos. Pero también necesitas estar con tu pareja ¡solos! ¿Puedes irte de vacaciones sin hijos? ¿Estarás libre de preocupaciones y culpas?

Las responsabilidades sobrepasan a toda mamá en estos tiempos galopantes en que vivimos. Se fantasea con hacer una  “escapadita” con la pareja para por fin estar solos. Pero, cuando se lo piensa racionalmente, generalmente la merecida luna de miel queda en “la ilusión”.

Sin embargo, es tan sano para los papás poder darse estos recreos para reencontrarse como pareja. Claro que organizarse no es sencillo y para irte es crucial dejes la casa en “orden”. De lo contrario, más que vacaciones, los hijos serán una constante preocupación.

¿Cuándo irse?
No conviene viajar cuando el bebé es muy chiquito. Su relación es tan estrecha que separarlo sería para él como sacarle una parte de sí mismo. Ten en cuenta que durante la segunda mitad del primer año, al bebé le cuesta entender que, aunque su mamá desaparezca de su vista, va a volver. Y sentir que su mamá desaparece “para siempre” podría angustiarlo mucho. Lo ideal es programar las vacaciones pasado el primer año y medio del bebé.

¿Cuánto tiempo irse?
Es tu evaluación personal la que cuenta. Sin embargo, alrededor de 10 días con tu pareja son suficientes. Separarse del bebé por períodos largos no es aconsejable: los bebés tienen un mecanismo de defensa que consiste en adoptar la actitud de “ni me di cuenta que te habías ido”. Por esto, es probable que al volver te reciba con indiferencia. Si el tiempo que se ausentaron no fue largo, volverá a su comportamiento habitual rápidamente.

¿Con quién y dónde dejarlo?
Con la persona que estés segura que le dará el cuidado que siempre recibe de tu parte.
No sólo es importante para el bebé, sino para que tú y tu pareja estén tranquilos. Lo ideal es que se quede con alguien que frecuenta cotidianamente y en tu casa; cerca de sus cosas. En fin, en su hábitat.

Contar con algún familiar predispuesto a quedarse en tu hogar, te brindará total tranquilidad, siempre que este se adapte al ritmo de tu familia y no imponga los propios.

La partida
Es difícil despedirse de los hijos cuando llega el momento. No hay abrazos que mitiguen ese instante de desgarro. Pero, cuando se alejan y tranquilizan se relajan y pueden proyectar lo bien que la pasarán. Sin esta sensación, ¿qué sentido tiene viajar?

¿Recién casados?
Lo que sigue después… es fácil de imaginar. El placer de estar “panza arriba”, sin hacer otra cosa que estar en libertad juntos es indescriptible. Sobre todo cuando hace tanto tiempo que están en el rol de mamá y papá con poco espacio para los momentos compartidos.

De permitirse este privilegio realmente la pareja lo agradecerá. Aún más, se reencuentran como novios siendo padres, como en sus primeras épocas de enamoramiento, como cuando sentían mariposas en el estómago. Y esto es debido a que han pasado muchas experiencias fuertes: el nacimiento del hijo, el despertar como familia, el aprender diariamente a ser padres. Después de todo si no lo hacen ahora, ¿cuándo?…

Las expectativas suelen superar la ficción. De más está decir que en ningún momento se deja de pensar en los hijos. Pero se puede lograr una vacación revitalizante como mujer, mamá y pareja.

Trabajar en la pareja
¡Qué importante es poder tomarse a tiempo un respiro! No importa dónde sea. No tienen que ser muchos días. Puede bastar un fin de semana o hasta algunas horas si no hay otro remedio.

El asunto pasa por hacer un “parate” y ser consciente de que a la pareja hay que nutrirla al igual que a los hijos todos los días de la vida.

¿Te animas a irte de vacaciones con tu pareja sin hijos?

 

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