¿Volver al trabajo? Una difícil decisión

Ni bien la mujer se casa comienza a plantearse este dilema: ¿qué haré con mí trabajo cuando tengamos un hijo? Y cuando queda embarazada y se suceden los días y los meses, ésta difícil decisión va llegando a un punto crítico.

Cuando la mujer desea tener un hijo surge este dilema: ¿qué haré con mí trabajo? Y cuando queda embarazada y se suceden los meses, esta difícil decisión alcanza un punto crítico ¿Cómo mantener el equilibrio entre la maternidad y trabajo?

Cuando el trabajo de la mujer es imprescindible para la economía familiar, si bien puede ser penoso para la mamá dejar a su hijo en otras manos, la situación es clara y no genera culpas.

Quizás sea complicado organizar el “cómo”: llevar y traer al bebito a la casa de la abuela o a la guardería, dar las ‘directivas’, prever, intuir…

Pero, ¿si no es una cuestión económica y se trata de la realización personal?

 ¿Será necesario abandonar todo proyecto personal en aras de ser “una buena madre”? ¿El hijo agradecerá, se beneficiará con una “madre de tiempo completo”? Por otro lado, sabemos de la tremenda necesidad que tienen los hijos de la presencia de su madre para su sano desarrollo emocional.

Durante el embarazo, algunas mujeres sienten culpa de volver al trabajo porque “en secreto” prefieren trabajar, y no se perdonan ese sentimiento. Otras, en cambio, están resentidas con su trabajo porque “en secreto” preferían actuar como madres… Algunas simplemente están confusas e incapacitadas para elegir qué las haría más felices.

Del dicho al hecho….
Muchas embarazadas creen estar convencidas de que desean libremente retomar su trabajo tras el parto y se organizan con anticipación. Sin embargo cuando tienen a su bebé en sus brazos, una visión diferente aparece ante sus ojos.

Lo ideal sería que la mujer no tuviera que volver al trabajo en los seis meses que siguen al parto. A esta altura, el bebé ya duerme durante casi toda la noche y la mamá puede trabajar despejada durante el día. Además, un bebé de seis meses comienza a mostrar signos de independencia, así la experiencia de dejarlo no es tan desgarradora ni para él ni para la mamá. Claro está que lo ideal no siempre es posible…

¿Calidad o cantidad?
La madre que disfruta de su trabajo puede volver a su casa renovada y feliz y contactarse mejor con su bebé: esto significa mejor calidad de tiempo. Pero tener un hijo implica realmente dar parte de nuestras vidas: un niño se alimenta con parte de nosotros ¡Las relaciones no crecen si las personas no comparten períodos de tiempo juntos!

Por otro lado, los hijos pueden sentir el amor maternal a través de distintos canales: la atención de la mamá cuando regresa a casa, en un hogar feliz, cálido e interesante, y no sólo a través de su constante presencia física y de su habilidad para hacer tortas.

Un acuerdo compartido
La pareja debe plantearse, al menos como una hipótesis ya que aún el hijo por nacer es el “hijo ideal”, las prioridades y los tiempos: ¿madre de tiempo completo?, ¿la pareja podrá hacerse cargo durante algunas horas de su hijo y así descubrir él también una más intensa forma de relacionarse?

Una decisión difícil
La decisión no debiera ser exclusiva de la mujer. Esta generación desea recrear para sus hijos el clima familiar que vivió en su niñez pero a su vez no se resigna a perder su individualidad y sus logros.

El diálogo siempre abierto y la honestidad frente a nuestros propios sentimientos nos acercan a tomar una decisión que por otro lado no tiene por qué ser definitiva ¡Suerte!

Maruca Viel Temperley,  Instructora en psicoprofilaxis del parto

Bibliografía:

  1. Spock – “Baby and child care

Anita Shreve – “La madre que trabaja como rol modelo” 

Carol Dix – “El síndrome de la madre nueva

 

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