¿Volver al trabajo? Una difícil decisión

Ni bien la mujer se casa comienza a plantearse este dilema: ¿qué haré con mí trabajo cuando tengamos un hijo? Y cuando queda embarazada y se suceden los días y los meses, ésta difícil decisión va llegando a un punto crítico.

Cuando la mujer desea tener un hijo surge este dilema: ¿qué haré con mí trabajo? Y cuando queda embarazada y se suceden los meses, esta difícil decisión alcanza un punto crítico ¿Cómo mantener el equilibrio entre la maternidad y trabajo?

Cuando el trabajo de la mujer es imprescindible para la economía familiar, si bien puede ser penoso para la mamá dejar a su hijo en otras manos, la situación es clara y no genera culpas.

Quizás sea complicado organizar el “cómo”: llevar y traer al bebito a la casa de la abuela o a la guardería, dar las ‘directivas’, prever, intuir…

Pero, ¿si no es una cuestión económica y se trata de la realización personal?

 ¿Será necesario abandonar todo proyecto personal en aras de ser “una buena madre”? ¿El hijo agradecerá, se beneficiará con una “madre de tiempo completo”? Por otro lado, sabemos de la tremenda necesidad que tienen los hijos de la presencia de su madre para su sano desarrollo emocional.

Durante el embarazo, algunas mujeres sienten culpa de volver al trabajo porque “en secreto” prefieren trabajar, y no se perdonan ese sentimiento. Otras, en cambio, están resentidas con su trabajo porque “en secreto” preferían actuar como madres… Algunas simplemente están confusas e incapacitadas para elegir qué las haría más felices.

Del dicho al hecho….
Muchas embarazadas creen estar convencidas de que desean libremente retomar su trabajo tras el parto y se organizan con anticipación. Sin embargo cuando tienen a su bebé en sus brazos, una visión diferente aparece ante sus ojos.

Lo ideal sería que la mujer no tuviera que volver al trabajo en los seis meses que siguen al parto. A esta altura, el bebé ya duerme durante casi toda la noche y la mamá puede trabajar despejada durante el día. Además, un bebé de seis meses comienza a mostrar signos de independencia, así la experiencia de dejarlo no es tan desgarradora ni para él ni para la mamá. Claro está que lo ideal no siempre es posible…

¿Calidad o cantidad?
La madre que disfruta de su trabajo puede volver a su casa renovada y feliz y contactarse mejor con su bebé: esto significa mejor calidad de tiempo. Pero tener un hijo implica realmente dar parte de nuestras vidas: un niño se alimenta con parte de nosotros ¡Las relaciones no crecen si las personas no comparten períodos de tiempo juntos!

Por otro lado, los hijos pueden sentir el amor maternal a través de distintos canales: la atención de la mamá cuando regresa a casa, en un hogar feliz, cálido e interesante, y no sólo a través de su constante presencia física y de su habilidad para hacer tortas.

Un acuerdo compartido
La pareja debe plantearse, al menos como una hipótesis ya que aún el hijo por nacer es el “hijo ideal”, las prioridades y los tiempos: ¿madre de tiempo completo?, ¿la pareja podrá hacerse cargo durante algunas horas de su hijo y así descubrir él también una más intensa forma de relacionarse?

Una decisión difícil
La decisión no debiera ser exclusiva de la mujer. Esta generación desea recrear para sus hijos el clima familiar que vivió en su niñez pero a su vez no se resigna a perder su individualidad y sus logros.

El diálogo siempre abierto y la honestidad frente a nuestros propios sentimientos nos acercan a tomar una decisión que por otro lado no tiene por qué ser definitiva ¡Suerte!

Maruca Viel Temperley,  Instructora en psicoprofilaxis del parto

Bibliografía:

  1. Spock – “Baby and child care

Anita Shreve – “La madre que trabaja como rol modelo” 

Carol Dix – “El síndrome de la madre nueva

 

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La Gestacion

Emocionante relato que describe la evolución de tu hijo desde el momento de su concepción hasta su nacimiento. Conocé el desarrollo del bebé y los cambios que experimenta la madre a lo largo de su embarazo.

Desde la fecundación, una nueva vida comienza ¿Cómo es el maravilloso desarrollo del bebé en gestación?

Fecundación
La gestación se inicia una vez fecundado el óvulo liberado por el ovario de una forma muy especial: a través de una explosión ¡Pero lo extraordinario es que esta explosión produce vida!

 El óvulo es transportado suavemente a través de las Trompas de Falopio hacia el interior del útero. El óvulo, además de ser la célula más grande del organismo, contiene las reservas nutritivas del futuro ser. El espermatozoide es la más pequeña, posee una cabeza sobresaliente y una cola que le permite desplazarse en la búsqueda del óvulo.

El óvulo tiene una vida de 12 a 24 horas, por lo que los espermatozoides deben apurarse. Recorren aproximadamente 2mm. por minuto y pueden vivir hasta 48 horas. De 300 millones de espermatozoides apenas unos miles llegan hasta el útero. Dos o tres atraviesan la membrana del óvulo y sólo uno concretará la ansiada unión con el núcleo del óvulo.

Desde su ingreso a la vagina, los espermatozoides son atacados por células. Tozudamente un grupo continúa nadando hasta aproximarse al tercio extremo de la Trompa de Falopio, donde sólo uno logra el encuentro con el óvulo.

La nueva vida ya está en marcha
Una vez que penetra en el interior del óvulo, este espermatozoide, como reconociendo que llega al final de su camino, comienza a desintegrarse. La nueva vida ya está en marcha y paralelamente una cadena de fenómenos químicos ocurre que preparan el útero para recibirla.

A los 15 días…
Aunque la madre no sabe aún que está embarazada, las células comienzan a diferenciarse.
 Cada generación de células engendra a la siguiente y le transmite su información y poderes reproductivos. Así el bebé se forma poco a poco, en el orden exacto.

El fascinante mundo del bebé comienza a tomar forma. Espermatozoide y óvulo producen la primera célula de esta nueva vida y en su interior se ubican los cromosomas, 23 de su madre y 23 de su padre, dentro de los cuales están los genes, responsables de la transmisión hereditaria de las características del niño. A la semana, esta primera célula dividida en muchas más ha viajado hasta el útero, donde anida y comienza a crecer.

Nace un corazón
A la tercera semana, sucede un hecho trascendente. Algunas células comienzan a latir, se reparten en formas de corona. De pronto esta corona se transforma. Por primera vez en la vida de tu bebé, un corazón late. Asimismo, se desarrolla el órgano más extraño del universo: el cerebro.

Durante los nueve meses de gestación, se produce un crecimiento como nunca más el hombre tendrá. Desde el óvulo fecundado hasta el nacimiento se produce un aumento de tamaño y peso de tres millones de veces.

A las 8 semanas se han desarrollado casi todas sus estructuras y algunas ya funcionan. Desde luego que son estructuras primitivas y deberán evolucionar hasta que sean funcionalmente efectivas, pero el bebé ya parece un ser humano en miniatura.

Al tercer mes
Su tamaño no es mayor al del pulgar de su padre, y ya es una persona con rasgos propios. Mucho antes de que la madre lo perciba, el bebé lleva vida muy activa. Sus dedos ya están formados. El suceso más trascendente del tercer mes es la diferenciación sexual, si bien el sexo se definió en la concepción.

El bebé está rodeado de líquido, en total estado de ingravidez y conectado a través del cordón umbilical a la placenta que cumple al mismo tiempo la función de riñón, pulmón, hígado, intestino y glándulas hormonales.

El bebé hace señales
Como la falta de gravedad es total, el bebé cambia constantemente de posición. Tiene mucho espacio dentro del útero, por lo que sus movimientos son constantes. El bebé es un acróbata. Cuando no está haciendo ejercicios, habitualmente duerme. Cuando está despierto, explora su mundo, que no es ni oscuro ni silencioso como siempre se sugirió. Su madre lo acuna con sus movimientos, su ritmo cardíaco es parte de su música funcional y su voz le será un recuerdo muy positivo de su vida uterina.

El bebé puede abrir y cerrar los ojos…
…Y puede ver.
La luz que le llega es tenue pero en el momento en que el abdomen recibe luz intensa del sol, responde a este estímulo con movimientos.

El sonido más familiar es el acompasado latir del corazón de su madre, que explica porqué el recién nacido se calma cuando ella lo levanta y lo abraza sobre su pecho: reconoce la tranquilizadora melodía que escuchaba durante su placentera vida intrauterina.

El ritmo para el bebé significa mucho, ya que antes de nacer tienen uno muy definido en la forma en que se mueve, cuando nada o cuando realiza movimientos de deglución rítmicos con su boca.

En el útero, el bebé aprende acerca de su madre por la forma en que ella se moviliza. Cuando la mamá realiza sus quehaceres, el movimiento del bebé aumenta, se bambolea y se mantiene despierto.

Todo el movimiento que experimenta el bebé en el útero ayuda a mejorar su sentido del equilibrio, que es importante para su desarrollo después del nacimiento.

El bebé llora
Lo hace cuando está incómodo. Si siente dolor, llora. Por medio de la ecografía, a veces se observa gestos de disgusto del bebé que en un recién nacido significarían llanto.

A medida que crece y llena el espacio que lo rodea, le es más difícil hallar una posición cómoda y cambia posiciones hasta encontrar una que le resulte agradable.

La personalidad del bebé empieza a formarse antes del nacimiento. Los sentidos que desarrolla lo ayudan a entender sobre el mundo que lo rodea. Al nacer, el bebé ya tiene nueve meses de vida ricos en experiencias.

Sus emociones
El bebé comparte las costumbres de su mamá, y según algunos investigadores, sus experiencias emocionales también.

Por momentos, cuando estás ansiosa, el bebé está más inquieto. La personalidad del bebé es probable que ya esté predeterminada, y hay algunos que llegan a adaptarse a las situaciones de estrés materno. Eliminemos la tan famosa culpa, “estuve nerviosa durante el embarazo, por eso mi bebé es …”. Algo de tensión en nuestras vidas en necesario (sin exagerar). Las tensiones que parecen superarnos hay que intentar evitarlas, pero no están transformando al bebé en un nervioso.

De todas maneras recuerda que cuando estés alegre y en paz contigo misma, el bebé se beneficia con tu bienestar.

Dr. Jorge César Martínez, pediatra, autor del libro “El increíble mundo del recién nacido”

 

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Características del bebé a los 2 años

El transcurso del año que se avecina estará lleno de nuevos aprendizajes para el bebé. ¿Cuáles son las características más sobresalientes a esta edad?

El transcurso del año que se avecina estará lleno de nuevos aprendizajes para el bebé ¿Cuáles son las características del bebé a los 2 años?

  • Tu hijo tiene necesidad de estar en movimiento. Por esto, requiere un espacio mayor para sus desplazamientos. Puede caminar, empujar, arrastrar, lo cuál le permite descubrir nuevos espacios. Sus movimientos, en general, son lentos y poco coordinados.
  • La relación con sus maestras al comenzar el jardín, generalmente es mediante los objetos.
  • Le gustan los juegos de ocultar y hacer aparecer el juguete.
  • Disfruta poniendo y sacando cosas o invirtiendo un objeto para que caiga lo que hay en su interior.
  • Está en condiciones de imitar modelos nuevos en forma inmediata o en ausencia de ellos. Estos juegos de imitación favorecen el desarrollo intelectual y lo ayudan a salir del egocentrismo.
  • Resuelve los problemas sólo con acciones.
  • Está adquiriendo la noción de propiedad y valora sus posesiones. Es natural que se resista a compartir ya que sólo ha adquirido la noción de posesión en relación consigo mismo, pareciéndole los juguetes parte de sí mismo.
  • La función más importante del juego es la de exteriorizar sus sentimientos, proyectar sus intenciones a través de un objeto que arroja, pegarle a la muñeca o abrazarla. Mediante el juego maneja sus ansiedades y sentimientos.
  • Comienza a aparecer el lenguaje, ya no se comunica mediante gestos. Escucha con atención las palabras y repite aquellas que le son familiares.
  • Si bien se siente seguro por momentos, busca apoyo y protección del adulto.
  • Le gusta hacer las cosas solo, treparse a una silla, a un mueble y a todo elemento que esté a su alcance.
  • Abre y cierra cajas, construye torres, toma objetos con el pulgar e índice, sube escalones tomado de la mano.
  • Puede comer solo, aún cuando necesite por momentos que se lo ayude. La imprecisión de sus movimientos hace que incline la cuchara sin poder llenarla totalmente. Puede sostener el vaso con ambas manos y manejarlo sin volcar el contenido. Disfruta jugando con la comida.
  • Le encanta jugar con agua, disfruta de los baños.
  • Está en plena elaboración del control de esfínteres, de a poco comienza a manifestar incomodidad cuando se hace pis, al punto de a veces no querer sentarse.
  • Hacia el final de este año, comienza a manifestarse el juego simbólico, es decir representa situaciones reales a través del juego.
  • Es inquietocurioso y desafiante.
  • Tienen mucha necesidad de descarga, de tocar todo, manipular y explorar el medio, desplegando una intensa actividad, que debe ir variando constantemente.
  • Sus dibujos comienzan siendo garabatos descontrolados. Poco a poco, los irá controlando, utilizando sus manos de forma indistinta, derecha e izquierda, y simultáneamente.

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Los chicos agresivos

Para los chicos la agresión es una forma de conocerse y establecer relaciones.¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos?

Para los chicos la agresión es una forma de conocerse y establecer relaciones. Chicos agresivos… ¿cuál es el límite?

Yo soy yo

En ciertos periodos de su desarrollo, el niño responde a menudo con agresividad a las exigencias de su ambiente. Alrededor de los 2 años, “NO” es el término clave de sus cóleras y escenas. Un poco después, a los 3 años, refuerza sus rabietas con golpes y patadas.

Estas reacciones no son signo de un carácter difícil: aparecen cada vez que debe superar una etapa importante de su evolución. Sus rabietas, sus peleas y sus negativas muestran una personalidad que busca expresarse y hallar su lugar. En este sentido, la agresividad es un signo de buena salud.

Los niños suelen manifestarse con conductas agresivas frente a cambios en el entorno, por ejemplo, la llegada de un hermanito. Sin embargo, si la agresividad se vuelve habitual podría expresar un trastorno afectivo. En ese caso, es una señal de alerta para los padres. Es necesario darse cuenta de que no se siente bien y buscar el porqué ¿Reaccionan los papás con demasiada severidad? ¿El chico quiere llamar la atención de una mamá “distraída” o de un papá “demasiado ocupado”? ¿Es celoso?…

Tal vez un chico agresivo haya tenido poca oportunidad de acostumbrarse a otros niños, e imagina que son amenazadores y peligrosos para él. También puede ocurrir que esté celoso del hermanito recién nacido y descargue su miedo y resentimiento sobre otros niños pequeños, como si fueran sus competidores. Un psicólogo infantil estará en condiciones de solucionar el problema si las causas y la solución no son tan evidentes.

Amigos a los golpes

Una de las edades más vulnerables a los cambios se ubica entre el segundo y tercer año de vida: comienza la organización y estructuración del lenguaje y el pensamiento. Casi todos estos niños tienen estallidos temperamentales: han adquirido sentido de sus propios deseos e individualidad. Sobreviene un período en el que el pequeño se muestra desafiante e intenta afirmar su independencia recién descubierta.

Entre los chiquitos se plantean peleas y agresiones que son normales y naturales: es necesario que los conflictos existan para aprender a resolverlos. Estos enfrentamientos aparecen como algo natural al integrarse a un grupo: suelen resolverse a través de la agresión física o verbal.

En un niño, la actitud agresiva puede traducir un deseo de entablar una relación: la disputa es una forma de relación. Todos conocemos amiguitos inseparables que se pelean todo el tiempo. El lenguaje corporal es muy vivo en esta etapa y la peleatiene a menudo ese aspecto positivo de diálogo algo violento.

Entre el permiso y el límite

Es preciso que los padres sepan enfrentar positivamente esos pequeños conflictos y los aprovechen en beneficio de la educación. Ciertos adultos no soportan las disputas infantiles. Una actitud represiva, reprobadora o dramatizadora no ayuda a los niños y pueden agravar las cosas: las peleas infantiles, en general, se resuelven rápidamente.

¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos? En cierto sentido, el comportamiento agresivo es una pulsión de vida. Prohibir la agresión difiere su manifestación e indirectamente la refuerza. Si los chicos son castigados sin distinción cada vez que se pelean o se pegan, tenderán a resolver el conflicto a escondidas del adulto: con una tensión igual no arregla las cosas. Querer hacer justicia a todo precio, incluso cuando no se conoce el origen del conflicto conduce a injusticias que lo agravarán. Forzar a darse un beso cuando no lo sienten, es algo falso e inútil.

Por otro lado, aceptar la agresión es brindar respuestas, es otra forma de reforzarla: el niño agresivo está demandando límites que lo contengan. Los padres deben dilucidar el mensaje que encierran estas conductas y propiciar la evolución de sus aspectos positivos. Los negativos deberán hallar ocasiones para su liberación: hay que encauzarlos, no desconocerlos ni reprimirlos.

Muchos niños a los que se considera “agresivos” no han encontrado todavía otros medios para expresar su necesidad de afecto y de contacto. Con una actitud paciente y comprensiva se los puede ayudar a encontrar otros modelos de relación. En el diálogo con ellos debemos interesarnos por la causa del conflicto y no por los protagonistas.

La agresión física debe estar enmarcada dentro de consignas inamovibles: “no se puede lastimar, no se puede hacer sufrir“. La agresión es una respuesta natural, muchas veces necesaria en una etapa del crecimiento: los niños solitos saben manejarla y preservarse. No nos asustemos.

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Miedo a los extraños

Tu bebé de alrededor de 8 meses de edad descubre que es un ser independiente, separado de vos. Llora cada vez que nos alejamos de él, se despierta agitado en la noche… ¿Qué debemos hacer?

Tu bebé de alrededor de 8 meses de edad descubre que es un ser independiente, separado de vos. Llora cada vez que nos alejamos de él, se despierta agitado en la noche… Surge de repente el miedo a los extraños ¿Qué debemos hacer?

Lo cargamos en nuestro vientres durante 9 meses hasta que un buen día- muy esperado por cierto-, nace. Ya no lo llevamos dentro, y aún así sentimos a nuestro bebé como si fuera parte de una.

Sobre todo durante la etapa del amamantamiento, la identificación entre madre e hijo es muy fuerte, y se da en ambos sentidos. El lazo que los une es íntimo e inviolable. Pero un buen día, cuando tiene alrededor de 8 meses, ese lazo se estira,nuestro hijo se descubre como individuo independientes y vive esa toma de conciencia con mucha angustia. Es la famosa angustia de los 8 meses.

Llanto y desesperación

Descubierta por un pediatra de apellido Spitz, no mucho tiempo atrás, esta etapa marca el comienzo de un proceso deseparación entre nosotras y nuestros bebés. Es el momento en que ellos inician su propia vida. La preferencia, que a partir de los 6 meses demuestran por su mamá por ser la encargada de cuidarlos y darles de comer, dos meses más tarde se transforma en disgusto.

Gritan, lloran y patalean cada vez que nos encaminamos hacia la puerta, distanciándonos de ellos. No soportan la idea de no tenernos cerca y a la vista, bien pegadas a su lado. Se despiertan dos o tres veces en medio de la noche con evidente agitación, y a veces lloran aún sin despertarse. La angustia con que viven este proceso de “desidentificación” con las madres, que los lleva a descubrir que no son una extensión de ellas, aparece en sus sueños excitándolos y provocando el llanto. Tanto los acechan sus temores que en ocasiones es difícil lograr que se duerman.

Manejos:

La angustia de los ocho meses, aún cuando evidentemente es un proceso traumático, es un hecho inevitable e indispensable para el desarrollo de nuestros hijos. Por otra parte, es importante comprender que los miedos son parte normal en su evolución psicológica. No podemos ni debemos impedir que suceda, pero tenemos que poder contenerlos para que no lo vivan en soledad. Para que no se sientan, además, abandonados.

¿Qué hacer?

No los alcen, no se los lleven a sus camas a dormir con ustedes, no hagan que ellos los manejen y les enseñen que basta pegar un grito para conseguir lo que desean. Basta con pararse junto a la cuna y hablarles o cantarles una canción que los tranquilice al tiempo que acarician sus cabecitas para que se sientan confortados. Conviene no prender la luz del cuarto. Por un lado, corren el riesgo de que se hagan a la idea de que la oscuridad puede representar riesgos y temores desconocidos y ya no quieran volver a dormir sin una lámpara prendida.

A partir de los 9 a 10 meses de edad, cuando ya comienzan a gatear y logran trasladarse por la casa por sus propios medios, esta angustia comienza a disiparse. Pueden seguirnos a todas partes cada vez que quieren vernos. Además, ese nuevo mundo que los rodea se ve tan interesante y atractivo, que el entusiasmo por explorarlo se vuelve más interesante que la idea de independencia.

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La agresión en los chicos

Para los chicos la agresión es una forma de conocerse y establecer relaciones.¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos?

La agresión en los chicos es una forma de conocerse y establecer relaciones.

Yo soy yo

En ciertos periodos de su desarrollo, el niño responde a menudo con agresividad a las exigencias de su ambiente. Alrededor de los 2 años, “NO” es el término clave de sus cóleras y escenas. Un poco después, a los 3 años, refuerza sus rabietas con golpes y patadas.

Estas reacciones no son signo de un carácter difícil: aparecen cada vez que debe superar una etapa importante de su evolución. Sus rabietas, sus peleas y sus negativas muestran una personalidad que busca expresarse y hallar su lugar. En este sentido, la agresividad es un signo de buena salud.

Los niños suelen manifestarse con conductas agresivas frente a cambios en el entorno, por ejemplo, la llegada de un hermanito. Sin embargo, si la agresividad se vuelve habitual podría expresar un trastorno afectivo. En ese caso, es una señal de alerta para los padres. Es necesario darse cuenta de que no se siente bien y buscar el porqué ¿Reaccionan los papás con demasiada severidad? ¿El chico quiere llamar la atención de una mamá “distraída” o de un papá “demasiado ocupado”? ¿Es celoso?…

Tal vez un chico agresivo haya tenido poca oportunidad de acostumbrarse a otros niños, e imagina que son amenazadores y peligrosos para él. También puede ocurrir que esté celoso del hermanito recién nacido y descargue su miedo y resentimiento sobre otros niños pequeños, como si fueran sus competidores. Un psicólogo infantil estará en condiciones de solucionar el problema si las causas y la solución no son tan evidentes.

Amigos a los golpes

Una de las edades más vulnerables a los cambios se ubica entre el segundo y tercer año de vida: comienza la organización y estructuración del lenguaje y el pensamiento. Casi todos estos niños tienen estallidos temperamentales: han adquirido sentido de sus propios deseos e individualidad. Sobreviene un período en el que el pequeño se muestra desafiante e intenta afirmar su independencia recién descubierta.

Entre los chiquitos se plantean peleas y agresiones que son normales y naturales: es necesario que los conflictos existan para aprender a resolverlos. Estos enfrentamientos aparecen como algo natural al integrarse a un grupo: suelen resolverse a través de la agresión física o verbal.

En un niño, la actitud agresiva puede traducir un deseo de entablar una relación: la disputa es una forma de relación. Todos conocemos amiguitos inseparables que se pelean todo el tiempo. El lenguaje corporal es muy vivo en esta etapa y la peleatiene a menudo ese aspecto positivo de diálogo algo violento.

Entre el permiso y el límite

Es preciso que los padres sepan enfrentar positivamente esos pequeños conflictos y los aprovechen en beneficio de la educación. Ciertos adultos no soportan las disputas infantiles. Una actitud represiva, reprobadora o dramatizadora no ayuda a los niños y pueden agravar las cosas: las peleas infantiles, en general, se resuelven rápidamente.

¿Cómo actuar eficazmente para ayudar a los niños a canalizar sus impulsos agresivos? En cierto sentido, el comportamiento agresivo es una pulsión de vida. Prohibir la agresión difiere su manifestación e indirectamente la refuerza. Si los chicos son castigados sin distinción cada vez que se pelean o se pegan, tenderán a resolver el conflicto a escondidas del adulto: con una tensión igual no arregla las cosas. Querer hacer justicia a todo precio, incluso cuando no se conoce el origen del conflicto conduce a injusticias que lo agravarán. Forzar a darse un beso cuando no lo sienten, es algo falso e inútil.

Por otro lado, aceptar la agresión es brindar respuestas, es otra forma de reforzarla: el niño agresivo está demandando límites que lo contengan. Los padres deben dilucidar el mensaje que encierran estas conductas y propiciar la evolución de sus aspectos positivos. Los negativos deberán hallar ocasiones para su liberación: hay que encauzarlos, no desconocerlos ni reprimirlos.

Muchos niños a los que se considera “agresivos” no han encontrado todavía otros medios para expresar su necesidad de afecto y de contacto. Con una actitud paciente y comprensiva se los puede ayudar a encontrar otros modelos de relación. En el diálogo con ellos debemos interesarnos por la causa del conflicto y no por los protagonistas.

La agresión física debe estar enmarcada dentro de consignas inamovibles: “no se puede lastimar, no se puede hacer sufrir“. La agresión es una respuesta natural, muchas veces necesaria en una etapa del crecimiento: los niños solitos saben manejarla y preservarse. No nos asustemos.

Copyright Mam´s & Baby´s